Tender

Adriana Ventura Pérez

Mi hermano me dijo hace poco que tender la cama en la mañana pone en marcha los días. Casi nunca he tendido mi cama, aunque me gustan el orden. A mi madre no le importaba esto, ni a mi padre. Y nunca les importó enseñarme.

Suelo tender la cama a veces, cuando quiero leer o mirar la ventana o sentir que soy organizada. Suelo tender la cama por las noches. Muevo a mi hijo grande, que insiste en dormir todavía con nosotros; paso al bebé a su canasta y sacudo las migajas, el polvo, las pelusas, quito la ropa sucia o limpia, los juguetes, tiendo un puente hacia los sueños y el orden.

Nunca me importó tener la cama tendida. Pero a veces me enojo si sólo soy yo quien se preocupa por tenderla. Me canso de ser la que mira esta clase de detalles y, a veces, cuando vuelvo a casa, descubro la cama tendida y también descubro que tenemos estilos diferentes para tender.

Tender la ropa tampoco me gusta. Pero al tender pienso en mi madre que adora lo limpio, lavar, y piensa siempre en el espacio propicio para colgar los tendederos, le preocupa que haya sol o trapos que necesiten asolearse. Antes me preguntaba si su amor por la aséptico venía de su profesión, pero no. Supongo que viene de los intensos diálogos que se pueden tener cuando las manos de una están en contacto con el agua, la mugre y el jabón. Así se llega a limpias conclusiones: entre trapos húmedos, listos para ser tendidos.

Recuerdo que cuando aprendí a lavar lo hacía a mano, pasaba horas jugando con la espuma y me sentía feliz e independiente; al tender, lo hacía cuidando el orden de las prendas y los colores. Ahora tender no es divertido, porque amontono las prendas y no tengo tiempo de clasificar.

Lo que me gustaría es tenderme en la playa o en el pasto y no pensar que la cama está revuelta o que siempre hay ropa en la lavadora esperando su turno para ser tendida en las cuerdas que improvisamos en el baño.

Juego con algunas palabras como si fueran un collar tendido en el cuello de mis recuerdos

porque me gusta escribir y creo que al hacerlo también tiendo un lazo desde mi boca hacia quienes me leerán.

 


 

LA AUTORA

ADYSOMBRILLA

Adriana Ventura Pérez. Nació en Cruz Grande, Guerrero, el 29 de agosto de 1985. Ha realizado estudios de licenciatura en la UAG, de especialidad en la UAM-Azcapotzalco y de maestría en la UNAM. Escribe cada vez que puede y da clases de Literatura. Hija de enfermera y sociólogo. Es madre de dos y hermana de tres.

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