Exvoto encontrado en la Basílica de Aparecida

Alejandra Eme Vázquez

Una vez intenté escribir un libro y no me salía. Digo una vez por decir muchas veces, borradores a la mitad, noches en vela, una escaleta, dos escaletas, tres escaletas, quince escaletas sobre la tela de una araña. Entre más lo pensaba más claro me quedaba: necesitaba escribir ese libro, ese libro me iba a salvar. Vaya manera extraña de pedirme ayuda a mí misma.

Pero no me salía. El libro, ni la ayuda, ni el borrador, ni la escaleta, ni la tela de la araña. Hasta que un día, intentando escribir una escena en la que deseaba demostrar mis profundísimos aprendizajes en el ejercicio de los cuidados remunerados, comencé a poner en palabras la cocina de mi abuela y la vez que “habíamos” hecho tinga de res, porque sabía que ahí había una clave. Y al ir contándolo, salió el peine. O la olla.

Creo que a nadie, más que a mí misma, le había dicho con el énfasis preciso que le tenía pavor a la olla exprés. Pero verlo escrito por primera vez me detonó una energía que nunca había sentido antes y, sin terminar siquiera el enunciado del enésimo borrador que había comenzado, fui directo a añadir una nota al pie que era más bien un despeñadero, un acantilado. No sabía exactamente qué me deparaba ese aparte en un texto que todavía no tenía forma de nada, y al mismo tiempo sabía que era preciso descubrirlo. Abrí google: “origen de la olla exprés”, “accidentes con olla exprés”, “país con mayor uso de la olla exprés”… Era aterrador, extraño, emocionante. Era todo lo que necesitaba.

Escribí y escribí, muy pronto decidí que esa nota al pie tenía la misión de interrumpir a mis (entonces hipotéticas) lectoras por lo menos durante dos páginas: me urgía contarles. Y también inventarles, porque en un momento dado me pareció buena idea sembrar también dos o tres datos no necesariamente reales junto a los que parecían ficciones y no lo eran. Tres días después de trabajarla sin parar, supe que esa nota al pie estaba terminada y mi cuerpo lo confirmó con una sensación poderosa: por fin era dueña de lo que estaba escribiendo, había descubierto cuál era la siguiente decisión a tomar, y la siguiente, y la siguiente, me sentía imparable. Deseaba con todas mis fuerzas construir un libro alrededor de esa nota al pie sobre ollas exprés que amenazaba con explotarme en las manos si no la cuidaba como se debía.  Así escribí Su cuerpo dejarán.

 


 

LA AUTORA

Alejandra

Alejandra Eme Vázquez. Pensadora de la Casa de Libra. Es escritora, lectora, editora, docente y cuidadora. Estudió lengua y literatura. Ha colaborado regularmente como columnista en medios impresos y digitales: calcula haber publicado, hasta ahora, unos 250 textos ensayísticos de temas muy diversos. Colabora en libros de texto y en plataformas de literatura para las infancias y juventudes. Es parte del comité organizador del Encuentro de Escritoras y Cuidados y del proyecto colectivo-interdisciplinario Lucrecia se dispone a la escritura. Escribió Su cuerpo dejarán (El Periódico de las Señoras, Kaja Negra y Enjambre Literario, 2018). 

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