Recetas para cuidar

Alejandra Eme Vázquez

Todo comenzó el 17 de marzo con un mensaje de WhatsApp en el grupo de #PensarLoDoméstico, cuando Andrea R. Calderón nos compartió su receta de leche dorada como una forma de aportar al cuidado de todas. Ese gesto fue un abrazo a la distancia y por eso mismo llevó a una pregunta: ¿y si más mujeres tienen recetas que les parecería importante compartir en estos tiempos de pandemia, de confinamiento, de angustia, de precariedad, de sobre-estandarización en los cuidados?

Las recetas de cocina son un género discursivo feminizado, como todo alrededor del ámbito de lo doméstico, lo que quiere decir que su transmisión tiene también un sentido de sostenimiento y atención que no se considera “legítimo” en los ámbitos públicos del cuidado. Nuestras abuelas nos pueden decir en lo privado que ese tecito nos va a quitar el dolor de estómago (y tendrán razón), pero un médico las desmentirá enseguida, con datos en mano y todo. Lo que es una batalla por demás innecesaria, porque las recetas no están estableciendo una competencia con las narrativas científicas, sino que consignan saberes vivos que dan cuenta de procedimientos reconocibles, de experiencias que pueden ser replicables y de comunidades que pueden formarse a partir de ello. Ahí su potencia.

De modo que el 19 de marzo lanzamos desde PLD la convocatoria para conformar un #recetariodecuidados pidiendo a nuestras seguidoras de Facebook, Twitter e Instagram que se guiaran por los ejes de cuidar nuestros cuerpos, nuestros tiempos y nuestras economías; es decir, que con sus recetas compartieran experiencias reconfortantes y que tuvieran un elemento de accesibilidad, ya fuera en los ingredientes, en los costos o en los procedimientos. Las combinaciones resultantes entre estos factores son variadas y creo que podemos tener largas conversaciones al respecto. No solamente con estas recetas, sino con el imaginario alrededor de ellas y lo que nos activan.

Así como enviar una receta significó un esfuerzo de precisión y de mantenimiento de saberes por parte de las autoras, el proceso para editar fue muy interesante. Las conversaciones con Libia Brenda, quien además de escribir el bellísimo prólogo acompañó la edición de muy cerca, comenzaron desde los formatos de la receta (¿qué ingredientes van primero, cómo expresar uniformemente las medidas, dónde empieza y termina cada paso del procedimiento…?) y transitaron por reflexiones cuyo centro era, precisamente, el cuidado: de la receta, de la autora, de la lectora. Libia es editora experta y este recetario tiene la fortuna de haber pasado por sus ojos, como por los de Mariana Orantes, quien le dio una muy cuidadosa revisión final; y por los de las autoras, pues cada una dio su visto bueno a la propuesta e hizo las modificaciones que juzgó necesarias para que su receta pudiera ser preparada en cuanto se descargue el archivo o se difunda en redes.

Así que en este volumen encontrarán las respuestas a esa convocatoria que estuvo vigente del 19 al 27 de marzo, y podrán seguir las recetas antologadas de acuerdo con la mirada y guía de sus autoras. La razón de consignar la autoría, pese a que la receta puede venir por muchas vías y formas, obedece a que necesitamos también poner el acento en las formas de transmisión y, en una de esas, hasta decirle a una portadora de receta que ya la preparamos, que le añadimos algo más, que nuestra abuela también nos heredó ese tecito. ¿Cuántas conversaciones puede detonar un recetario comunal? Eso es lo que queremos saber y por eso al final están las redes para contactar a las autoras, a la editora (que soy yo, holi) y al proyecto #PensarLoDoméstico. A ver qué pasa con un recetario cuyo enfoque de cuidados radica en socializar saberes y procesos que suelen quedarse en casa, en medio de una pandemia mundial que ahora nos obliga a quedarnos nosotras también.

Por favor, léanlo y platiquen qué les parece, ya sea aquí o cuando vean las recetas individuales en redes. Todas las involucradas queremos saber cuando este recetario llegue a sus cuerpos, a sus tiempos y a sus economías.

Y por si quieren tenerlo completo, está en pdf y se descarga aquí.

Provechito.

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