Texto colectivo: Martes de Manos en la Masa, 30 de junio de 2020

Texto creado el 30 de junio de 2020 en el taller “Pensar lo doméstico y escritura creativa” impartido por la colectiva Pensar lo doméstico, como parte del programa Martes de Manos en la Masa de Radio Nopal. El texto fue creado en el chat de Jitsi por las participantes, quienes dieron su autorización expresa a que fuera editado y a la consignación de sus nombres de usuaria para la firma de autoría colectiva.

 

Ahora a quién le toca cocinar, pienso al filo de las 2 pm. Mi hermana viendo su celular. Mi mamá trabajando frente a su computadora. Quisiera hacer otras cosas, tal vez escribir, leer, acabar de limpiar mi cuarto. No podría, la culpa y el hambre están presentes. Voy a la cocina enojada. Respiro.

Lo he escrito muchas veces

En la banca de madera

En el papel rayado

Sin embargo, en estos años

Me he llamado Mamá

Mi pareja cocina algunos días a la semana y se encarga de lavar los trastes en la mañana. Pero es lo único que hace. Cuando él termina de cocinar debo entrar yo a limpiar todo lo que ensució alrededor del proceso de cocinar. Limpiar estufa, tarja, piso, quitar la grasa del azulejo, lavar trapos y jerga de la cocina, recoger basura, etc. A veces me pregunto si realmente lo que hace es una colaboración para la casa o más trabajo para mí.

-Mamá, tengo hambre-

He querido darme un break tipo sabático de la escuela y del trabajo. En mi casa cohabitamos mi madre, mi hermano, mi perrita y yo. Pero ésta sería mi escena cotidiana: me levanto como a las 10:30 am para hacerme mi desayuno, me encuentro que no hay nada porque lo que ya estaba hecho ya lo comió alguien más. Se me antojan unos hot cakes, pero solo de pensar el tiempo en el que se harán, me da flojera y no me los hago. Ahora hay que limpiar la casa, lavar la montaña de trastes y también ir por la comida. LA COMIDA, tengo que pensar que hacer de comer para cuando llegue mi mamá del trabajo. Solo de ir a comprar ya pasó una hora, en lo que preparo y hago todo queda justo para cuando llega mi mamá. Ahora ya no tengo ganas de hacer nada, estoy muy cansada y solo quiero dormir o ver Netflix. Quería descansar y darme un sabático pero estoy haciendo lo que mi madre hizo toda durante 23 años de mi vida.

Respiro. Si no lo hiciera comenzaría a gritar de coraje. Abro el libro de cocina de mi mamá.

-Mamá, te quiero-

Madre soltera

Mamá

Leo las recetas, las sopas, las ensaladas. Poco a poco las ideas fluyen. Me emociona tener los ingredientes. Qué fácil resulta ser. La cocina es espacio de encuentro y desencuentro. Comemos a las 3:30.

Soy muchas

Soy nadie

Soy todas

Operaron a mi gata. No quiso usar el cono ni tomar el antibiótico y casi tienen que abrirla otra vez por la infección que le dio. Me di cuenta de que no solo soy responsable porque esté feliz, comida y vacunada. Ella también se enferma y yo soy responsable de que esté bien. Esos también son cuidados y no los había visto así. Respiro.

Cuando operaron a mi papá en el 2018 alguien de la familia se tenía que quedar esa noche con él. Estaba toda la familia afuera del edificio donde se pasaría esa noche. Mis hermanas mayores entraron en conflicto porque parecía que nadie lo quería hacer. Me propuse y yo solo agradecía el hecho de que mi papá hubiera salido bien de la operación. Mis hermanas duraron molestas al menos una semana. Ver a mi papá esa noche y que me preguntara sobre la lectura del Quijote que estaba haciendo fue lo mejor de esa noche. No padecí “el cuidado”.

Mamá, qué palabra tan grande y tan sencilla

Mamá cansada

“Estoy harto de ella porque nunca hace nada” fue como mi hermano se quejó de mí con mi papá, mientras yo lloraba, lloraba porque las pechugas que había puesto a asar se habían quemado, lloraba porque solo le había pedido que le apagara a la estufa, lloraba porque tenía que ir a la escuela y no pude apagar yo la estufa por estar planchando, lloraba porque tenía que dejar la comida lista, la casa limpia y la ropa planchada para poder ir a la escuela. Yo, la que nunca hace nada.

nada

El padre de mi madre tiene 94 años y tuvo 12 descendientes, 5 de ellas mujeres; ahora en su vejez los varones hermanos de mi madre no pretenden hacerse cargo del cuidado de su padre. El señor nunca ha sido una persona amorosa, por el contrario: es violento, machista y constantemente humilla a aquellas mujeres que le rodean. Mis tías quizá no le tienen un cariño en especial pero ninguna se atreve a rechazar el cuidarle porque es «su padre». Un padre ausente y violento que jamás mostró cariño por sus hijas mujeres. La única hermana que ha decidido no cuidarle es porque su pareja no se lo permite.

Mamá sola

Mamá asustada

Qué difícil es cuidar del otro cuando se invisibiliza el cuidado propio, cuando el grito y la desacreditación son la base histórica sobre la cual muchas mujeres hemos alimentado, revisado tareas y velado el sueño de nuestr@s herman@s; cargando culpas en lugar de reconocimientos por las formas en que nos fue enseñado el cuidado.

La obligación no sólo de preparar sino también de avisar que ya está listo, que parezca una ofensa lo contrario, que sea una falta lo contrario… que la importancia radique en quién trabaja y en quién paga impuestos y aun así como espíritu pacifico hacerlo con una sonrisa en el rostro y el deseo de la paz en lo privado cuando lo público

es

tan

caótico

.

Mamá que recorre los laberintos del metro

Mamá que se pinta los labios

Mamá que cuenta las monedas

El p… color rojo. Maldito color del que deberían estar pintadas mis uñas… Desde que mi criatura hermosa está en mi vida no soporto el barniz color rojo, porque siempre termina embarrado en la pared, en mi ropa o en mis cobijas… ¡jamás! Jamás termina en mis uñas bien pintadas, ya no existe ese tiempo que disfrutaba tanto para cuidarme y estar en calma. Qué difícil se ha vuelto el cuidarme y que me cuiden.

Mamá duerme sola

Mamá llora Mamá

Llegué a burlarme de aquellas que “salían panzonas”, como si se hicieran solas. ¿Cómo pudo esto pasarme a mí? ¿Qué recuerdo de mis clases de orientación sexual? Risas y chistes morosos. Ya sabía que sabía. El autosabotaje se me ha dado muy bien. Aprender a redireccionar esa intención, a algo más nutritivo, no ha sido fácil. Me sorprendió ver cuántas a mi alrededor habían pasado por eso también. La información dispuesta era menos , nos basamos en cómo le fue a una amiga, a otra. La emergencia me llevó al hospital, donde me sentí aterrada por decir la verdad y ser encarcelada o algo así.

Soy mi madre. Soy mi abuela. Y me pierdo.

Durante la Preparatoria mi mamá se fue de casa para cuidar de mi abuela enferma. Fue un cambio completamente radical, un día estuvo conmigo y al siguiente me había quedado sola. En esta ausencia noté cuánta falta de mi parte había en el hogar; sin mi mamá la ropa no estaba limpia y la comida no estaba lista. Fue un año de muchos aprendizajes, trabajé mi capacidad para rendir en la escuela y cumplir con labores domésticas para que mi vida marchase bien. Al final, con mucho esfuerzo, sobrellevé la carga y aprendí a rendir; pero con mucha tristeza noté mi falta y que mi mamá, aun lejos de aquí, no había parado de cuidar un segundo.

Somos hormigas sobre la tierra. Todas anónimas.

El cuidado tiene consecuencias incluso años después. Acusaron a mi novio de acosador y violador. Yo estaba deshecha, tristísima, él y yo terminamos, pero me dediqué a cuidarlo. Nunca lo había dicho así: yo lo cuidé. Pero es lo que hice. En medio de mi tristeza le preguntaba si había comido, escuchaba sus relatos de lo mal que se sentía, de que se cortaría el cabello, también lo convencía de que fuera a terapia. Y a solas lloraba, buscaba a mis amigas que me cuidaban a mí, mientras yo lo cuidaba a él. No lo veo totalmente como sumisión, aunque algo hay de eso, pero en cuidarlo encontré algo de sentido, la salvadora. Lo demás lo dejé en pausa, no solo por cuidarlo a él, también por la gran crisis en la que yo me sentía. Un año después me cayó el 20, la culpa de cuidar a un acosador y el miedo de frecuentarlo. Ya no quería salir, tenía miedo de que supiera de mí. Meses y meses sin tener trabajo, por haberlo cuidado, por haberle dado prioridad. Ahora él tiene un trabajo, es un hombre “cambiado” y yo soy desempleada.

Respiro.

 

AUTORÍA COLECTIVA DE:

Juanita34

Lina

Sara Alfie

Val

Pau

Yes

Naye

Abigail

Itzel

Laura Celina

Alejandra

Susana

Olin

Nora

Chío

Ana

Machincuepa

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