Escribir(nos)

Esta carta colectiva viene formándose desde el 29 de agosto de 2020 como parte de las actividades del Sexto ciclo de Pensar lo doméstico. Este texto fue hilado a partir de la escritura individual de misivas por parte de las participantas de la actividad Escribir-nos. Las escritoras dieron su autorización expresa para que se seleccionaran fragmentos de sus cartas, se hilaran en una voz colectiva y se publicaran en esta espacia.

Abigaíl Cortés, editora

 

I

20 de diciembre de 2020

Querida niña:

He tenido que tomarme mucho tiempo antes de empezar a escribirte porque casi no te recordaba, aunque me duela aceptarlo, te pienso cada vez menos. Lo siento. 

Cierro los ojos y recuerdo

Trato de imaginar, traer tus recuerdos, olores, reflejos, compañeras, emociones para sentir los momentos que te permitieron empezar a escribir, pero la verdad en realidad creo que aprendiste en casa –por las noches– cuando te ayudaba tu prima Érika mientras te cuidaba, porque mamá y papá siempre tenían que salir a trabajar. Sospecho que por ella escribes con la mano izquierda, porque es zurda; sin querer se sentaba detrás de ti, te tomaba de la mano para que trazaras sobre el papel con el lado que ella siempre usaba.  Tu abuelo también era zurdo, me gusta recordarlo así, tocando la guitarra y comiendo dulces.

Alguna vez leímos que quién sabe dónde o cómo es que una aprende a hacer cartas, no importa mucho en este momento, el chiste es que aprendimos a hacer cartas y a través de ellas (re)aprendimos a hablar. Digamos que si hay una constante en nuestra escritura, esa constante son las cartas. De hecho, esta carta para ti, para nosotras, es una muestra de que debemos escribir por las posibilidades que abre, por lo que nos ayuda a entender, porque es como un viaje.  Ya no te digas que no, mi niña, no te frenes. Hay lugares donde sí y, sin duda, la escritura es uno de ellos. Escribe con cuidado. Di: no vas sola porque las cartas siempre están y, de los textos que hacemos, las cartas son las que, hasta ahora, sí han llegado a puerto. 

Antes que nada quiero decirte que lamento mucho esta mala memoria. Muchas veces me ayuda a dejar ir y continuar, pero también me ha dejado muchísimos huecos entre la persona que soy y entre todas las que he sido. Entre las dos. También me gustaría que supieras que, a diferencia de lo que te han dicho, no pasa nada si este escrito te aburre y lo dejas pendiente por un tiempecito. Después vas a entender lo divertido y valiente que puede ser el seguir más a tu corazón, y menos a las reglas inventadas por los adultos de este mundo. O quizá ya lo sabes. Tal vez lo has pensado, y es por eso que yo lo entiendo ahora.

Te escribo desde el futuro

No me acuerdo de cómo aprendiste a leer y a escribir. A veces no me da la vida para perderme en las maravillosas dudas e incertidumbres; por el contrario, la incertidumbre me pone muy nerviosa. Después de todo, en este futuro no has perdido la manía de lanzar preguntas al aire e incluso ser un poco imprudente. Abandoné la danza, pero nunca pierdo la oportunidad de bailar una buena cumbia. No seguí el camino de la filosofía, de la astronomía, ni de la arqueología, como soñabas en aquel tiempo, aunque mucho de eso hay en mi hacer actual. Vago por el pensamiento, las experiencias, los objetos y las prácticas de las personas, intentando entender por qué somos como somos. 

Vendrán épocas más desordenadas en el futuro,
pero que después te empujarán a volver a colocar

¿Quién querías ser? Estoy segura de que esa pregunta la hicimos muchas veces, pero no encuentro una respuesta. Te puedo contar un poco de quiénes somos hoy, a ver si refresca nuestra memoria. Escribo esta carta porque me decidí a utilizar las letras para contar historias vivas, crear mundos nuevos, construir un hogar. Estamos acompañadas en este proceso por mujeres increíbles.

Ahora estoy segura de que te preguntarás por qué te estoy contando todas estas cosas tan extrañas, seguro pensarás que sí te acuerdas de cómo pasó todo eso y que, de ser cierto que nos estamos escribiendo desde el futuro, por qué perder el tiempo recordándolo. Hoy no quiero contarte demasiado sobre qué va a ser de ti tantos años después –concuerdo con las sabias palabras que Doc le dice a Marty en Volver al futuro: “nadie debe saber demasiado sobre su propio futuro”–, pero lo que sí quiero es hacerte saber que todo va a estar bien. Y que leer y escribir –y quizá escribir sobre leer– van a una gran parte de la razón de que así sea.

Había muchas cosas que nosotras no entendíamos por qué eran así

Hago el esfuerzo de acordarme para contarte de la a, de la b, de la c y de cómo comenzaste a juntar las letras para formar con ellas palabras y, de verdad, no me acuerdo. Lo curioso es que en el futuro amarás las palabras y la magia que es para tu yo adulta leer una frase y sentir muchas cosas a partir de ella. Una sola palabra puede encerrar un gran significado

g-r-a-c-i-a-s, m-a-m-á, e-s-c-u-e-l-a

Lo que sí recuerdo es que papá no era amoroso y mamá, para equilibrar la balanza,  era como un vasito de agua en el desierto.

Una vez te expulsaron por tres días. Tuviste una única buena amiga.
No hay dos historias iguales. Todo tiene que ver con todo.

No entendíamos por qué teníamos que usar estos zapatos molestos y gigantes que harían que camináramos mejor y que no son para nada bonitos como los de tus otras compañeras o por qué los demás niños podían correr tan rápido y nosotras no, o por qué teníamos que pasar tanto tiempo haciendo esas terapias que nos chocaban hacer porque a veces el cuerpo se nos ponía rígido y dolía mucho. Por eso la escuela fue nuestro refugio, porque ahí sí entendíamos qué era lo que pasaba, las maestras nos explicaban y nosotras les entendíamos y creo que nuestra mente, a diferencia de nuestro cuerpo, trabajaba muy bien. Ahí no teníamos que quedarnos sentadas en la banca preguntando qué se sentirá ser tan libre. No, en las clases éramos libres, lo entendíamos todo y por primera vez creíamos tener un superpoder y eso nos ayudó a defendernos, a cubrirnos de lo demás.

Tú llorabas y llorabas mientras te frotabas un pie con otro. Por algún motivo,
cuando eras niña, siempre te dio mucha pena que te vieran los pies en público.
Te quiero infinito

Un cuadernillo muy completo con muchas listas de cotejo y rúbricas y comentarios pone en evidencia el mismo problema: trabaja sucio, descuido en los trabajos, bajas notas en matemáticas y otros aspectos (tenía varios loritos en mis libros y cochinitos en mis cuadernos). En la boleta, pedía a mis padres, la maestra (una monja josefina), que me pusieran más atención en lo escolar.

Ese año, recordarás que mamá hablaba sola sin darse cuenta

Me encantaría encontrar mis trazos y mis primeras historias. Creo que esa es la razón principal por la que guardo estos tesoros, para que cuando miren atrás tengan físicamente un trocito de su historia. Mis trazos iniciales fueron duros, como una carrera de obstáculos. Coger mal el lápiz no estaba bien visto. Folios y más folios de trazos que Manoli, mi primera profesora de primaria, me ponía de tareas entre semana, fines de semana y vacaciones.

Sigo cogiendo mal el lápiz. O no. Simplemente lo cojo como me gusta. Como nos gusta. Escribo como me gusta. El lápiz se apoya en mi dedo como yo me apoyo en él. Ayer por la tarde fuimos a pasear Carlos, Alex y yo. Mochila, agua, hidrogel, mascarilla y skate. De camino a nuestro destino me encontré a Manoli, nuestra profesora.

Con la mascarilla no me conocía, pero el brillo de mis ojos (de tus ojos) le dio una pista. A ambas nos alegra mucho encontrarnos. Me gusta ver que sigue bien y a ella le gusta ver que sigo bien. A sus amigas les dijo: “una alumna de las que dejan huella”. No hay rencor por los trazos, porque los trazos me llevaron a descubrir otros caminos.

Y yo pensé, huella dejaste tú
y fue una huella bonita

La escritura que llegó tras la lectura de Ana Frank fue la del alma. La de querer decir. La de poder decir: expresar lo propio y no sólo repetir o copiar lo impuesto por otros. Así que llenaste un cuaderno y luego otro, con tu propio diario. Y seguiste leyendo lo que te daba la gana y por eso todo –lo de tu mundo no escolar– se relaciona con todo: lo que vivías y lo que escribías.

Estabas en tercero de secundaria. La maestra de matemáticas, una mujer alta, flaca y apretada, súper peinada y súper cabrona, quiso saber qué querían ser (hacer) en la vida los alumnos, a qué se querían dedicar cuando fueran mayores. Cada uno se fue poniendo de pie y diciendo lo que se le ocurría o lo que de veras pensaba. Cuando te tocó a ti, ni abriste la boca, ni tiempo de levantarte tuviste; ella respondió por ti: “¡Ya sé, tú vas a ser mamá!… ¡A ver, el que sigue!”

Ta-qui-me-ca-no-gra-fí-a
Si eso tenía algo que ver con la escritura,
nunca lo entendiste ni lo entiendes ahora

Sabes escribir desde tan chiquita que ni te acuerdas de cómo aprendiste, pero sí recuerdas aquel día en que entraste a la primaria. Te hicieron muchos exámenes porque eras lista y parecía que no necesitabas hacer los seis años de la primaria. Así te saltaste primero. Y entonces, de ser la más lista fuiste, por un breve tiempo, la más burra del salón ¿Quién tenía tanta prisa de que terminaras más rápido la primaria cuando ni siquiera la habías comenzado?

Lo siento mucho

Problema de matemáticas: no tenías ni la más remota idea de qué hacer; el amable niño con quien compartías la banca te dijo quedito: “Tienes que poner: Datos, Operaciones y Resultado”, y tú así lo escribiste, porque eso lo sabes hacer bien. Y sacaste cero, porque resulta que había que hacer más que escribir esas tres palabras.

Nadie se da cuenta, pero yo sé también que estás muy cansada

Te cansa más otra parte de ti que te hace sentir profundamente insegura en cualquier cosa que hagas en el día a día. Sé que te agobia no poder decir todo lo que sientes y lo que piensas, porque tu lengua se atora entre tus dientes, se pega en tu paladar, o es jalada por unos duendes diminutos que viven en tu campanilla y que les gusta molestarte cada vez que quieres decir algo que es importante para ti.

Sé que has preferido vivir callada, quedarte con conversaciones imaginarias en tu cabeza. Sé la humillación que sientes cuando no puedes hablar y sólo te queda escuchar las risas de tu hermana, o cuando te das cuenta de las expresiones en las caras de las personas que se quedan esperando a que termines una frase o hasta una palabra. Sé que tienes muchas cosas guardadas que están a punto de desbordarse, como agua en una cubeta, que puede parecer no ser mucha, hasta que metes un trapeador y se eleva y encharca todo a su alrededor. Tú eres capaz de transmitir tus ideas hablando, de tener una conversación larga, de hablar en público, ¡hasta de hacerlo con micrófono!

 

II

Pienso en ella, y pienso en mariposas,
en alas de muchos colores revoloteando a tu alrededor.
Y pienso en las galaxias y en los planetas que se veían
en el techo-cielo del observatorio del planetario

Estás recostada en el sillón de la casa que todavía habitamos. Te escondes entre los cojines, llevas puesto un peto azul, a papá le encantaba vestirnos así. Tus pequeñas manos sostienen una revista doblada. Sonríes, la complicidad se asoma en tus ojos cafés. Siempre intentando comprender el mundo.

Mamá te leía a veces, si no estaba muy ocupada y cansada como siempre, tenía una hermosa voz ¿recuerdas el Libro mágico?, cómo te gustaba, el papel para calcar era lo máximo. Mirabas al cielo y a las montañas, te perdías en su inmensidad y ninguna palabra era suficiente para comprender el mundo.

¿Qué hay afuera de la Tierra?,
¿a dónde vamos cuando morimos?,
¿se puede viajar en el tiempo?

Dejaron de sobrarte las palabras porque encontraste dónde colocarlas para no olvidarlas. Aunque quizá también fue tu manera de protegerte, de encerrar tus pensamientos en las letras y no exponerlas a los juicios de los demás. 

Ahora que te pienso me explico tantas cosas, como el amor por las letras en su forma y valor propio, y en las palabras como conceptos y significados. La pasión por el poder de nombrar para hacer realidad. Hoy tienes una pequeña libreta en la que anotas el glosario de tus días.

“Las Flores de los sentimientos. Para: Mi abuelita”
dice en la verde portada decorada con lentejuelas

En sus amarillas páginas pegaste recortes de sus flores favoritas, hay tulipanes, rosas, girasoles, margaritas, nochebuenas y peonias; y junto a ellas, una cualidad de aquella mujer a la que amaste tanto: cariñosa, risueña, amorosa, tierna, mejor amiga

Mamá nos compró Escalofríos. Abuelita nos regaló los primeros cinco libros de Harry Potter. Empezamos por el tercero, porque habíamos visto las primeras dos películas. Pero cuando acabamos el quinto, regresamos al primero y al segundo. Juntando lo de cuatro domingos, adquirimos la Historia Interminable. Después un amigo nos prestó los de Narnia y papá nos compró Moby Dick porque teníamos que leer los “clásicos”. Terminamos el quinto capítulo y cerramos el libro. No lo hemos vuelto a abrir desde entonces.

hay palabras que nos escogen y hay otras que no quieren quedarse

 Pero aún bajo esa advertencia, no hemos parado de leer. Descubrimos que hay mundos fantásticos con reglas, y ordinarios sin ellas, que viajar en el tiempo es solo cuestión de decisión, que vivir en las estrellas es estar atenta, no distraída, que la princesa puede ser rescatada por ella misma, que no siempre los dragones son despiadados; que a veces no hay finales felices, que el amor romántico no es lo único que rompe corazones.

Descubrir la FILIJ fue una aventura como pocas. Después te avergonzaste o te hicieron sentir avergonzada porque a tus 12 años aún leías algunos libros de “la sección infantil”. Este futuro desde el que te hablo se construyó gracias a todas esas cosas que hiciste para hacer lo que te gusta y te divierte. Eso incluye los libros infantiles, los trucos en patines y los bailes raros.

El cuento que escribiste de “Don Pepino” es muy bello, disculpa si lo dejé botado por ahí. Disculpa si desconfié de tu talento y de ese espíritu florido. Prometo tenerlo muy cerca y releerlo cada vez que una duda se me cruce por la cabeza.

qué mejor que en un cartel grande para que nos lean todas,
para que compartamos con ellas

Mis abuelos en ese entonces vivían enseguida de nuestra casa, las casas conectadas por el jardín permitían que nos visitara a cualquier hora, cualquier día. Me acuerdo que mi abuelito llegaba a la sala directo y agarraba un tomo de la enciclopedia británica y se sentaba a leer horas. Otras veces agarraba cuentos y se los leía a Elena y a ti. Leía cuentos de princesas que se escapaban en la noche a bailar hasta que se les destruían los zapatos, de reyes tercos que caminaban en las calles en calzones e historias de mitología griega.

Mi abuelo con su letra no muy común, la G la hacía como caracol y parecía como si estuviera dibujando en lugar de estar escribiendo. Como tú, era zurdo y  por esto te hacía sentir muy especial. Fuiste su primera nieta y la única zurda de todxs.

Mi abuelo sembró las palmeras que están en el jardín,
sembró los mangos, los limones, el árbol de guayaba arrayán y el de lichis

Desafortunadamente conforme fuiste creciendo se empezaron a burlar de ti por escribir cuentos y poemas y dejaste de imaginar otros mundos. Sé que estás ahí, en algún lado, lista para poder sanar eso que te alejó de mí tantos años. Pero quiero que sepas que no te he olvidado, tu partida dejó un hueco en esta casa de piel y huesos que yo he tenido que habitar sola, consolándome con tus libros y tus palabras. Mucho tiempo escribí, preguntándome para quién lo hacía. Ahora sé que te escribía todo el tiempo a ti, con la esperanza de encontrarte. Creo que lo he hecho.

¿Recuerdas cuando memorizabas libros enteros porque todavía no aprendías a leer? ¿Te acuerdas de las ganas que tenías de tomar esos libros coloridos de la casa de tus abuelos, de descubrir si los rojos eran diferentes de los azules o los verdes? ¿Te acuerdas de que aprendiste a leer viendo a tus hermanas hacerlo? Porque la última de cinco hijos ya “aprende como por osmosis”, diría alguien en alguna de esas casas llenas de gente ¿Te acuerdas que cuando aprendiste a escribir tu letra nunca fue tan bonita como deseabas, como la de nuestra hermana? Pero de todos modos seguías escribiendo. Y tomabas dictado para las cartas de tu abuelo y escribías tus propias cartas y tus propios mundos y canciones y diarios y cosas. Porque decías que querías ser escritora.

Gracias por no temer a este eterno descubrimiento

Para escribirte esta carta tuve que recurrir a la memoria de mamá y papá. En mi cabeza armé mil historias, imaginaba cuentos y aventuras que podría contarte, pero cual castillo de arena, todo se vino abajo. Bastaba con ver sus caras para saber que no habría nada de eso: aprendiste muy fácil, en la escuela, con tu maestra. Tu psicomotricidad era muy buena. Ibas en una escuela activa, no había tareas. Por lo que eso que quieres escuchar de que nos sentamos contigo a guiarte en ese proceso, no sucedió. Lo que aprendiste, lo aprendiste en la escuela.

Tu proceso de aprendizaje fue tan amable y amoroso, que te permitió disfrutar la escuela y pasar las tardes en el jardín, jugando, riendo, conviviendo, viviendo y no angustiada frente a un cuaderno. No te lo voy a negar, por un momento sentí cómo se apachurraba el corazón, pero la sensación se fue rápido. Fueron contando historias,  y así descubrí que aprendiste a leer y a escribir en el kínder, a los 4 años, no en la primaria, a los 6, como yo creía. Recordé que, si bien papá no te leía, siempre lo viste leer y eso siembra curiosidad en quien observa.

Como rayo, me vino a la mente, el momento en el que Maru, tu maestra de segundo de primaria, te dio tu primera pluma azul. Recuerdo lo orgullosa y satisfecha que te sentías, pero sobre todo lo feliz que estabas, esa pluma significaba que ya eras una “niña grande” y que tu escritura era tan buena que el uso del lápiz quedaba atrás.

la importancia y significado de cómo somos nombradas

Tu papá, maestro de primer grado de primaria y tu mamá, maestra en un programa de regularización para maquiladores en Ciudad Juárez notaron que cuando preparaban material para enseñar a sus alumnos tú te mostraste muy interesada. Preguntaste para qué era todo eso y te llamaron la atención las letras que recortaban para que después sus alumnos formaran palabras. Entonces ellos empezaron a preparar material también para ti, y te compraron un abecedario que pegaron en la habitación para que te familiarizaras con las letras. Te ponían una tabla en el sillón, a forma de escritorio para que recortaras y empezaras a escribir. Imagino que para ellos debió ser muy lindo ver como ibas aprendiendo hasta que fuiste capaz de leer palabras y oraciones completas.

También pasó algo que me gustaría preguntarte cómo te hizo sentir: mamá y papá, al ver que a tus cuatro años aprendiste a leer, decidieron no esperar más y te inscribieron en primer grado en la escuela donde trabaja tu papá. Al parecer no te acoplaste muy bien porque no hiciste amigos y te la pasas solita. 💔

¿es porque son mas grandes que tú?,
¿no te invitan a jugar con ellos?
Espero que no te hayas sentido muy tristita.

Desde prepri te sentías muy orgullosa de leer sin silabear. Si-la-be-ar. Así decía tu mamá. Eso quiere decir que leías de corrido sin cortar las palabras. Y te emocionaba leer en voz alta por eso. Y siempre querías que te pusieran a leer y te desesperaba cuando tus compañeros le-í-an-a-sí. Y a lo mejor por eso te gustaba más leer y escribir, porque te sentías especial. Sentías que destacabas. Hasta que estuviste en tercero de primaria. Porque ahí Miss Eva, la maestra de inglés, te dijo que agarrabas mal el lápiz, porque siempre has agarrado el lápiz usando todos-los-dedos-de-tu-mano. Y eso no le gustaba. Te dijo que era con el cordial, el índice y el pulgar, y te enseñó que se te debía hacer un callito en el dedo por la fricción. Pero a ti te dolía la mano y no te sentías cómoda y entonces hacías una letra “muy fea”. Y no podías hacerlo a tu manera porque Miss Eva te sentó delante de su escritorio para ver que agarraras “bien” el lápiz, pero luego dijo que tenías que mejorar tu letra en las planas. Porque escribías muchas planas para la clase de inglés, para el spelling. Y entonces escribías como podías.

Pero leer siempre te gustó. Muy pronto leíste sola. A lo mejor fue la primera cosa con la que te sentiste autosuficiente y reconocida a la vez. Te gustaba que dijeran de ti “qué bien lee”. Y luego también empezaste a escribir historias y canciones y cartas a tus amigas y maestras, y entradas de diario, muchas de ellas. Encontraste cierto poder y habilidad en las palabras y eso te hacía feliz.

Las palabras escritas y los libros siempre
te han relacionado amorosamente con el mundo.
Aún hoy. Abraza eso.

Entre tus principales referentes diría que está mamá, ella siempre escribía cartas y notas para TO-DO, hábito que no tardaste en adoptar. ¿Recuerdas cuando la veías escribir cartas a papá? ¿recuerdas cuando por las mañanas encontrabas, en tu escritorio o en la mesa, una nota que decía “te quiero mucho, buen día” o bien, “no me gustó tu comportamiento, hablemos”? Déjame decirte que eso sigue sucediendo y guardas cada nota en tu caja especial.

Pensé en aquel día en donde juntaste tus ahorros y compraste un disco de chocolate, ese día el chocolate se rompió y probaste un poco, estaba delicioso… ¡te lo comiste todo! Jajaja. Le escribiste una carta a mamá (que aún conserva  y se la entregaste junto con la caja vacía además de la nota del perdón).

Lo que me gusta de ti es que escribías sin miedo a que no fueras lo suficientemente buena

Lo que descubriste tiempo después fue que escribir para ti, te salvaría de muchas maneras. Ahora te gusta leerte a través de los años. No tienes que sentirte mal por estar aprendiendo. Lograrás hacerlo. En el futuro te gustará escribir mucho a mano y, aunque ya haya mucha gente que encuentre obsoletos la pluma y el papel, tú seguirás usándolos mucho. Disfrutarás de esa sensación de la pluma deslizándose por el papel. Algún día escribirás mucho y lo harás bien.

No debes sentirte mal porque unos adultos decidieron clasificar a los estudiantes y poner a “los mejores” en el grupo A y “los peores” en el C, para, supuestamente, tener un mejor control, sobre todo de los malos estudiantes. No querían ayudarles, querían etiquetarlos

A pesar de todo ello un día amarás tanto leer que tu casa se llenará de libros y un día escribirás mucho. No tengas miedo. No hay nada malo en ti. Cruzarás y lograrás atravesar la incertidumbre. No sin antes navegar por mares oscuros y, en ocasiones sentirás que caminas sobre fuego, un fuego invisible pero que quema fuerte. Pero eso pasará.

El fuego comenzará a ceder en los pies y en cambió comenzará a arder en tu corazón
y sentirás una especie de dicha y orgullo al mirar el camino recorrido

La mujer que te enseñó las demás letras lo hizo con tanto amor y dedicación que a mitad del primer año ya sabías leer y escribir. Letty era su nombre: ella, que orgullosa siempre hablaba de sus hijos con un brillo en los ojos, que te regañaba cuando te parabas a platicar pero que te decía que te quería y te regaló un DVD de Betty Boop porque a ti te gustaba mucho, que la última vez que la vimos aún se acordaba de nosotras, ella.

Aún recuerdo esos ejercicios de caligrafía que dejaba y que seguías de manera religiosa todos los días, hasta que se te entumía la mano de hacer tantos círculos, tantos zigzags, tantas líneas y curvas. Y aprendiste a escribir –aunque no muy decentemente, debo decir– gracias a esos. Los llegaste a aborrecer en un momento. Yo lo agradezco.

entonces entendimos lo lejos que pueden llegar nuestras letras,
y lo cerquita que pueden hacernos sentir de otras

Inventabas historias y decías muchas mentiras. Te sentías segura y confiabas en ti. No dejes que te quiten eso nunca, cree en ti, más allá de lo que las y los otros piensen o esperen de ti. Cree en lo que piensas, sientes e intuyes. No dejes que las comparaciones te hagan dudar. No te creas que unas niñas son mejores que otras, que hay que competir con ellas y ser la mejor, no. No necesitas ser la mejor para que te quieran.

Qué bello me parece ahora que puedas saltar, correr y ensuciar las calcetas blancas con valentía. A mí no me molesta ni me espantan tus rodillas raspadas. Es más, me hacen sentir orgullosa. Tampoco me sorprenden los hilos que salen de tu uniforme, pienso firmemente que te dan estilacho.

Yo sé que te gusta escribir cartas y que vas llenando una mochilita transparente de todas las que te llegan (las que te avientan en el salón). Incluso sé que disfrutas mucho escribir cartas-ficciones sobre situaciones que imaginas, cosas que quieres vivir. Y gracias por eso, porque imaginar otras realidades nos ha salvado la vida. 

Te hicieron creer que si crecías rápido todo sería mejor,
pero ahora sé que en realidad crecemos y decrecemos en espiral
y que las cosas que te hacen feliz ahí dónde estás,
también me hacen feliz acá, donde estoy ahora

En la facultad escribimos, irónicamente, sin mucha conciencia de lo que hacíamos, pero nos iba bien, bueno, sabíamos citar y hacer que esas citas compaginaran, pero nos costaba (cuesta) trabajo hablar sin “Las Voces” que nos respalden, que nos validen, que nos den la certeza de que lo que decimos sí importa. Por eso nos dan ganas de que todo sea carta, porque ahí todo y, claro, entre esos están los disensos que también nos estimulan el pensar.

No olvido que siempre te ha gustado crear: te encantaba dibujar, pero también escribir. Le escribiste un poema a tu tortuga cuando se murió, escribiste un periódico de la familia llamado “El Verorial”, en el que escribías las últimas noticias de lo que pasaba en la casa: Cosas como cuando pintamos las paredes o los regalos que les dieron a ti y a tu hermana en uno de sus cumpleaños, hasta pusiste una sección de caricaturas sobre tu hermano para burlarte de él. Es una pena que ahora sólo conserve un sólo número, pero te aseguro que toda la familia todavía recuerda el periódico con cariño.

Escribiste mucho, tuviste una libreta por año, a veces más. Y lo sigues haciendo. Me alegra mucho que siempre has encontrado un desahogo en la escritura, una manera de desenredar poco a poco la madeja de sentimientos que a veces tenemos dentro para poder comprender cómo nos sentimos.

¡Qué bonita estaba mamá!, ¡Qué sonriente!

Recordaba aquél haikú que escribiste en segundo de primaria. ¿Lo recuerdas? Con él ganaste el segundo lugar de un concurso. Nunca te (nos) ha gustado competir.

Los haikús de otras niñas y otros niños junto con otros árboles y otras estrellas y otras olas del mar. 

Luna de luces
estrellas fulgurosas
nubes azules

 

Lo que a ti más te gustó fue ver a tu mamá aplaudiéndote desde el público

 

 

III

Ahora estoy en una etapa en la que tengo herramientas y alternativas muy amplias para ser la escritora que decido ser, y eso me enorgullece; pero también pienso a menudo que ojalá no fuera escritora, o no esta escritora. Porque mi escritura, nuestra escritura, siempre ha sido para acomodar lo que nos ha hecho vivir sobrepasadas, para sublimar el terror, denunciar la violencia, controlar el daño, sentirnos dueñas de nosotras porque el mundo nos dice que solamente así podemos funcionar pero al mismo tiempo nos hostiliza a puntos incomprensibles. Puedo decirte ahora que al menos yo no conozco otro tipo de escritura porque así como nunca he tenido conciencia de qué significa ver el mundo sin muchos grados de miopía de por medio, tampoco sé qué significa no vivir con el cuerpo violentado, no tener secretos que me aterrorizan y no estar enojada con las circunstancias. La escritura es una herramienta que aprendí, sí, y la acepto como mi forma de mediar mi realidad, pero lo que más quisiera es que tú y yo no hubiéramos tenido que pasar por lo que pasamos, y así de solas. 

En este momento lo único que deseo es que nos recuperemos: una a la otra y a nosotras mismas. Si ahora mismo escribo para acomodar lo que necesito, honradamente espero que esa urgencia de poner todo en palabras termine algún día no muy lejano para dar paso a una vida que no me indigne vivir. Y si eso significa que se me acabe la escritura, que así sea.

podemos correr, jugar, gritar sin sentir que la vida se nos escapa. 
Respira, ¿lo sientes? Estamos vivas.

Creo que me avergüenza un poco encontrarnos en esta situación: yo sintiendo que floto en la nada, con las palabras atoradas en alguna parte del cuerpo, y el cuerpo tratando de enmendarse. Sé que no está como lo dejaste, pero sigo tratando de sanarlo. He aprendido que lleva su tiempo, que a veces es lento y una tiene que esperar, algo que nunca te gustó hacer. Te diré un secreto, con el paso de los años has logrado ser más paciente contigo.

Te pido una disculpa por haberte hecho dudar de ti misma mientras crecías. Por hacernos dudar de todo lo que somos y creemos y soñamos e imaginamos.  A veces sólo quisiera regresar a ti y saberme con esa alma libre que se atrevía a crear. Seré honesta, quisiera regresar porque muchos días no sé qué hago ni sé quién soy. En algún punto del camino toda la certeza de llegar a ser la que tanto quisiste se fue del cuerpo. No he podido encontrarla de nuevo, pero me he dado cuenta que reclamarnos con dureza no sirve y no servirá, pues sólo nos impide entender la capacidad que tenemos para seguir sembrando nuestros sentires y cultivando nuestras letras.  

siempre leíste y escribiste en el espacio doméstico. Eso fue lo raro, lo paradójico:
ese leer, ese escribir que sí te gustaba y que era tuyo y voluntario, te hizo.
Así, como lo escuchas: te hizo, te formó, te constituyó, te hizo independiente.
Se convirtió en tu oficio y tu sustento

Esta noche, sin saber quién quiero ser, tengo la fortaleza suficiente para decirte –y decirnos–que debes seguir atreviéndote a nombrar lo nuevo y a compartir lo que vive en ti. Hazlo con cariño. Si debes soltar algo que sea el temor a equivocarte, porque los errores son una forma de reconocernos en caminos de aprendizaje constante. Abraza siempre las palabras que salen con el deseo de ser escritas. Escribe. Escribe mucho, poco, lo que sea necesario, y no permitas que el miedo a no saberte escuchada te llene, porque tú lo haces y quienes te acompañan también. 

Hay que escribir

Escribe para recordar, escribe para saber quién eres, escribe para aprender, escribe para enseñar, escribe para ti, escribe para otras personas, escribe algo que te haya pasado, escribe algo que hayas imaginado, escribe lo que sueñas, escribe cartas aunque no vayas a entregarlas hasta cinco años después. Escribe lo que sea, pero no dejes de escribir cada vez que sientas mucho, o cada vez que quieras decir algo. No dejes de escribir, porque te falta tanto por vivir y sobrevivir, que a veces será lo único que tengas.

No te voy a estropear la sorpresa, no te diré qué somos ni qué hicimos. Ese proceso debes vivirlo por ti misma, sin que nadie te diga lo que te espera al final de cada una de las decisiones que tomes.

Tenemos la capacidad de crear, recuérdalo

Confía en ti, confía en lo que sientes y en las personas que quieres y en la persona que eres; disfruta de leer todo lo que se te antoje y de seguir escribiendo tus sueños que parecen una gran historia de película; disfruta de regresar infinitas veces a tus libros y películas favoritos; sigue soñando y sigue con la disposición para aprender de ti y del mundo; sobre todo, nunca olvides que los libro y las plumas están ahí para ti, para ser todo lo que necesites que sean.

Te quiero siempre. Nos quiero siempre

Tenemos que aprender a querernos y a cuidarnos. Te extraño, extraño ser tú, extraño esa seguridad, extraño que para ti no exista algo que no se pueda cuestionar.

Y quiero pedirte disculpas

Déjame decirte que sigo escribiendo por placer, para mis proyectos profesionales y personales, no como una vocación, pero me considero una gran lectora.  He encontrado en los libros y en escribir, un placer vital, un aquí y ahora, es como hablar con los vivos y los muertos. Me gusta acordarme de esto. Pensar en que escribiste porque querías escribir y no por ganar o por evitar perder. Me viene muy bien la enseñanza en este momento.

Gracias

Todavía no entiendo por qué quisiste una alberca cuando estábamos en invierno, pero yo sigo sintiendo antojo de helado cada que hace frío, así que no voy a cuestionar tus decisiones.

Te/nos quiero mucho

Suelta la culpa, no necesitas ser perfecta para nadie, ni siquiera para ti misma. Escribe, escribe, escribe. No importa que no sea perfecto, no importa que no sea como se supone que debe de ser, no importa que no sea brillante, no importa que no sea el mejor. No dejes que te hagan odiar escribir, que te de tanto miedo no ser lo suficientemente buena que dejes de hacerlo.

Sé libre y sé tú. Te amo siempre.

 

nos amo

 


1540002886058Atentamente:
Verónica Díaz, Vania Macias Osorno, Tania Cázares Herrera, Sofía Castro Guerrero, Paulina Márquez, Nelly García, Nayeli Gutiérrez, Natalia Lomelí, Mayra Nakamura, Rebeca Lorea, Maili Rodríguez, Laura Celina Martínez Carreño, Laura Aguirre, Jimena Maralda, Ivonne Anahí Orozco, Elena Lebrato, Daniela Jiménez, Dan Hernández, Dairee Ramírez, Carol Chávez, Carina Vallejo, Tatiana Candelario, Anel Bobadilla, Andrea R. Calderón, Ana Georgina Riahu, Ana Cordelia Aldama, Alejandra Eme Vázquez

 

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