Curso-taller Relatos de la maternidad con Fer Monsalvo y Abi Cortés

Narraciones detonantes

Presentación

Relatos de la maternidad es un curso-taller dirigido a todas las mujeres que quieran dialogar y reflexionar sobre las implicaciones de la maternidad.

Objetivos

  • Pensar en cómo la maternidad, la hijez, el cuerpo y la subversión están presentes en la literatura escrita por mujeres.
  • Reflexionar sobre los procesos de creación y las posturas que encontramos en la literatura escrita por mujeres cuyo trabajo creativo está atravesado por la maternidad.
  • Cuestionar las formas en las que las madres han sido representadas en distintos modos del relato.

Descripción

En cada sesión revisaremos una lectura o película que será el detonante de una serie de planteamientos que comentaremos en conjunto. Asimismo, realizaremos actividades que compartiremos entre nosotras.

Duración: 4 sesiones de dos horas

Horario y fechas: los viernes 18 y 25 de junio, 2 y 9 de julio de 6:00 pm a 8:00pm (horario de la CDMX)

Plataformas: las sesiones se llevarán a cabo en la plataforma de Zoom y los materiales para cada sesión serán compartidos por medio de una carpeta de drive.

Remuneración: $600

Temario

Sesión 1
Maternidad y cuerpo, coordina: Fernanda Monsalvo

En esta sesión analizaremos la relación del cuerpo con la maternidad: ¿cómo se entrelaza el cuerpo femenino con ser madre y ser hija?

Lectura detonante: Mientras las niñas duermen de Daniela Rea

Lectura complementaria (teórica): La condición de madre y la condición de hija de Adrienne Rich

Sesión 2

Maternidad y cine, coordina: Abigaíl Cortés

En esta sesió reflexionaremos sobre la representación de la maternidad en el cine y la televisión.

Narraciones detonantes:

Relic (2021), dir.  Natalie Erika James
Fragmentos de una mujer (2020), dir. Kornél Mundruczó,
El club de las madres rebeldes (2016), dir.  Christopher Lennertz,
Lilo & Stitch (2002), dir. Chris Sanders y Dean DeBlois

Sesión 3
Maternidad y escritura, coordina Abigaíl Cortés

En esta sesión nos plantearemos una serie de preguntas sobre el ser mujer, escritora y madre. Reflexionaremos sobre el tema de la maternidad en relación con el campo literario.

Lectura detonante (teoríca): Eider Rodríguez, Devenir autora: el autorrelato como camino para deconstrucción de la postura autoral.

Sesión 4
Maternidad y poesía, coordina: Fernanda Monsalvo

En esta sesión exploraremos algunos poemas cuyo eje temático es la maternidad y las estrategias que emplean para subvertir la poesía masculinista.

Poemas detonantes:

Algo en mi vientre de Deena Metzger

Madre Soltera de Marina Yuszczuk

Chica desconocida en la sala de maternidad de Anne Sexton

La madre perfecta de Susan Griffin

Inscripciones en el correo colectivapld@gmail.com

Yo tengo una casita que es así y así

A continuación se presenta una pequeña selección de textos que nacieron en el taller Casa y literatura, impartido por Adriana Ventura a principios del año 2021. Las autoras que participan en esta muestra son Abigaíl Cortés, Andrea Yepez, Jennifer Rubio, Jimena Rosillo, Judith Arámburu, Laura Sofía Rivero y Priscila Villanueva. 

Collage deJudith Arámburu García

Mi casa viene ya, ya casi llega, cada día. Casi…casi, ahí viene, ya merito. Hoy no, pero mañana tal vez. Hoy no porque la puerta de la bodega se cayó y hay que repararla. No sé si mañana porque hay humedades pero vendrá mi casa cuando las resane. (JR)

Construir tiene mucho de desescombrar.
La tierra se corre como si hubiese pasado una avalancha.
Se alzan con premura estructuras inestables y temporales, parecidas a las que se arman en las emergencias.
Los ladrillos se parten.
La pintura gotea.
Restos de cemento se endurece en los lugares equivocados.
Hay polvo.
Mi casa, entonces, nace ahí, de vistazos de ruina. De ver el alboroto y el desorden y aquietarlos a punta de pica y pala y fuerza. (AY)

Falso jardín

Aprendí a estar desnuda en esas cuatro paredes. Era el calor que me sofocaba al regresar de la escuela. Era sentir mi cuerpo pegajoso apiñado a otro cuerpo que solía dormir conmigo en un colchón individual cuyos resortes florecían y lastimaban y conocíamos tan bien como para encontrar descanso a pesar de todo. Ese cuarto se erigió como eje del mundo. No necesitábamos más, aunque nuestros muebles eran cajas de cartón, aunque la cama había tenido no sabíamos cuántos otros dueños, aunque nuestro escritorio que a veces era comedor y a veces cantina y otras veces mesa de negocios nos lo habían regalado en una tienda de abarrotes porque nos vieron los ojos frescos, recién nacidos y llenos del más profundo desconocimiento.

Nunca antes había podido estar así, sin nada puesto encima. Porque previamente las puertas no existían y mi casa no era casa sino un pasillo larguísimo e interminable donde todos deambulaban a cualquier hora. Éste, a diferencia, era un cuadrado cerrado, sin fugas; un cuarto. Mi cuarto. Nuestro cuarto. Y la ropa sobraba para comer, estudiar, hacer apuntes, sentir bajo los pies la piedra caliente por aquel sol que derretía las ventanas. Era fácil no tener, olvidar todo, regresar a la piel y sus orígenes. Nunca antes había sentido eso. Pero ese lugar me enseñó a desprenderme y no volver atrás la mirada. Los que vuelven la cabeza se convierten en sal, se hacen polvo o se disuelven. (LSR)

Una casa no se construye sola,

necesita de muchas manos para que pueda servir de refugio.

Alguien la imagina, otras le dan formas,

ponen los cimientos.

El cuerpo que soy, que habito

también es producto de la unión de muchas manos.

Si miramos lejos:

mi padre y mi madre,

sus ancestras y ancestros.

Si miramos cerca:

átomos,

células que forman la materia.

La casa que soy

es plural, multiplicada,

compartida.

La casa que soy

es muchas casas juntas. (JR)

Recorrer la casa

La casa me hace pensar: en las ausencias, en el tiempo, en los huecos y las huellas.

[Mi casa, ha sido varias casas].

He estado varias veces en esta casa: varias temporadas de mi persona, también de quienes no se han ido de aquí.

[Transité varias de sus habitaciones, hasta regresar a aquella donde empecé].

Personificando esta casa: soy un sótano, he habitado el sótano.

[Entre mis hombros cargo mi casa, a veces ligera, a veces pesada].

Analepsis de oscuridad y de luz en cada uno de esos espacios. Todo ha dejado de pertenecer, permanecer, y como rastro, difuminado.

[La casa, el hogar, siempre ha estado dentro de mí].

Y eso interno en mí, me hace reflexionar sobre lo que deseo sentir: en esa primera sensación, de lo que llegue a ser mi casa-hogar-refugio.

[El instante en que ande descalza entre la arena blanca o la hierba del bosque]. (JA)

Casa y Memoria

Una de mis bisabuelas perdió su casa en una apuesta.

Mi primera casa, fue una casa de muñecas de madera. Mi hermana y yo tuvimos una casita para jugar, en el hueco debajo de la escalera de la casa que mis papás construyeron y en la que aún viven.

(Sigue escribiendo lo que estás pensando) 

Normalicé tener una casa. (JR)

Una casa Porvenir

En la cocina de aquella casa había un refri tapizado de dibujos y cartas de un nieto; en el comedor, dos ventadas cuya vista daba hacia una jacaranda. Había también un pasillo con fotografías de rostros que ya murieron y están a punto de ser olvidados.  La habitación era el lugar más calientito, lo tenía todo: sándwiches para ver caricaturas en la noche, mecedora para dormir tomando el sol, una cama para recostarse y pensar en el futuro que, ante una muerte inminente, ya no podrá conocerse. (AC)

Hogar 85

5 meses de gestación

hogar perfectamente ovalado

cálido

cereno

acústica inimaginable.

En santa paz.

Esperanza, acostada

ve su lámpara inquieta

las persianas bailan

se rompe el brindis marital

del hogar

¡Los castillos se vuelven andamios!

caen las copas.

(Sístole, diástole)

Aterrada

grita

corre

quiere salvarnos

cae.

Dos pisos,

escalones,

hematomas infinitos universos.

Abraza su barriga,

¡El bebé!

-nos salvan el cráneo-

-se apaga la luz-

el edificio se desploma

sobre ella,

mi primera casa.

Bajo escombros

enteradas

aplastadas

horas después vuelve en sí

-Su bebé no va a nacer completo-

Seguimos vivas. (PV)

Reseña punk: El agente topo

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Abigaíl Cortés

 

Mi mejor amigo, quien tenía más años de edad de los que tiene Mickey Mouse, murió un día precioso de mayo. Nuestra amistad comenzó por casualidad cuando nos encontramos en una fuente que hoy ya no existe. Las personas creían que él era mi abuelo, pero no, él era mi amigo y hacíamos las cosas que hacen los mejores amigos: comíamos juntos, tomábamos café, comentábamos libros, películas, veíamos el futbol, nos contábamos chismes, hablábamos sobre las personas que nos habían hecho daño, de las cosas que nos daban miedo y veíamos Los Simpson por las tardes.

Mientras conviví con él, aprendí que el cuidado es el centro de toda amistad aunque esto no siempre se diga de manera explícita; también, caí en cuenta de que jamás había pensado en las implicaciones de envejecer hasta que lo conocí. Yo formé parte de su red de cuidadoras hasta el último día de su vida.

Después de su muerte, tomé un de curso sobre envejecimiento y entristecí mucho porque sentí que aprendí muy tarde y que, de haber sabido más, habría podido cuidarlo mejor. Ni modo, como dicen por ahí, vivir no se ensaya.

Hoy platicaremos sobre el El agente topo (2020), un documental chileno dirigido por Maite Alberdi que me dejó con dos preguntas: ¿cómo aprendemos a cuidar?, ¿quién nos enseña?

La vejez tiene sus propias etapas y cada proceso de envejecimiento tiene diferentes necesidades. Aquí me surge otra pregunta: ¿contamos con la preparación necesaria para acompañar a las personas mayores que nos rodean? Como cuidadora de un adulto mayor que poco a poco fue perdiendo su autovalencia, puedo decir que aprendí sobre la marcha, lo cual quiere decir, dolorosamente, que me equivoqué mucho. En este sistema no hay lugar para el cuidado, como dice mi querida Estefania Morales: “cuidar es punk”.

Tal vez crean que en esta reseña no he hablado mucho sobre El agente topo, pero no, de hecho ya les he contado mucho. Creo que es importante establecer una discusión horizontal con las personas de la tercera edad. La relación abuela/abuelo-nieta/nieto es filial pero no es la única. Valdría la pena explorar más formas de relacionarnos no sólo con las personas de la tercera edad sino también con las infancias. 

En El agente topo Sergio Chamy nos comparte su visión y sus opiniones sobre todo lo que ocurre en el Hogar de Ancianos San Francisco del Monte. En este documental, don Sergio señala que el abandono y la ausencia son formas de violencia más comunes de lo que nos gustaría admitir. La condescendencia no es cuidado. Todas las personas tienen derecho a una vejez cuidada, digna y acompañada porque, en palabras de don Sergio: “la soledad es lo más grave”.

 

 Sentidos comentarios finales y anuncios parroquiales

  • Para quienes ya vieron El agente topo: ¿notaron que el Hogar de Ancianos San Francisco del Monte en su mayor parte es habitado por mujeres?, ¿han pensado por qué?
  • El agente topo se merecía el premio Óscar, sísísí cómo de que no.
  • Si quieren conocer un poco más sobre cómo escribí esta reseña, grabé un video para hablar sobre eso y lo pueden ver dando clic aquí
  • Les cuento que este año Mickey Mouse cumplirá noventa y tres años.

photo_2021-02-18_19-57-12Sobre la autora

Abigaíl Cortés nació entre los límites de Tláhuac e Iztapalapa en 1993. Es cuidadora, tallerista, lectora, escritora, editora y Pensadora de la Casa de Escorpio en Pensar lo doméstico. Cursó una licenciatura en Letras Hispánicas y sólo aprendió a deprimirse. Síganla en redes para más chismito.

 

 

 

Reseñas (2)Sobre esta columna
Reseña punk es una publicación periódica que llega el primer viernes de cada mes desde la Casa de Escorpio para el mundo. La primera temporada de este ciclo de reseñas tratará sobre películas cuyos protagonistas son personas en o cerca de la tercera edad.

Por qué debería venerar a su lavadora: un manifiesto

Corina H. Reyes

Pesukone, vaskemaskin, tvättmaskin, เครื่องซักผ้า, rentadora, стиральная машина, washing machine, lavadora, 洗衣機, wasmachine, makîneya kin şûştinê. La multiplicidad de idiomas en los que existe la lavadora es una muestra de que su servicio leal y eficaz es requerido en todas partes del globo. A pesar de esto, ella es el electrodoméstico más menospreciado y al que se dedican menos alabanzas.

Esto tiene que acabar. 

Los refrigeradores aparecen en poemas; los televisores son todavía objetos de controversia entre quienes los defienden de educadores y quienes los acusan de idiotizar a los espectadores. Más de una persona se ha declarado dependiente de las cafeteras. Los hornos de microondas aún despiertan acaloradas discusiones sobre sus efectos en la salud y calidad de los alimentos. Las estufas, las licuadoras y otros aparatos del hogar son símbolos de la vida independiente y esclavizante por igual. Sin embargo, pocos pensamientos se han dedicado a la heroína modesta, a veces ruidosa, a veces discreta, que vela por el bienestar de quien la usa, un ciclo de lavado a la vez.

La lavadora no es sólo un instrumento que provee de prendas limpias a los usuarios.

  • Es defensora de la imagen personal del usuario. Probablemente usted haya acudido en más de una ocasión a una cita, trámite o ceremonia importante vistiendo prendas libres de manchas de comida u olor a sudor y eso fue gracias a una lavadora.
  • Es el pilar que sostiene el tiempo libre del usuario. Se derraman lágrimas pensando en las muchas horas de vida valiosa que desperdiciaron las antepasadas humanas mientras despercudían, remojaban y lavaban a mano las prendas de toda la familia. Esas antepasadas dejaron de aprender un idioma, un arte marcial o caligrafía por estar tallando pantalones contra piedras de río. Usted, en cambio, usa unos minutos en echar una carga, detergente, y se puede dedicar inmediatamente al esparcimiento y/o productividad mientras la fiel lavadora concluye su ciclo.
  • Es la guardiana de la dignidad del usuario. Piense en los muchos secretos revelados a los sentidos de quienes tocaron, miraron y olieron los rastros que aventuras y pasiones diversas dejaron en las prendas sucias. La lavadora no juzga; lava, enjuaga y centrifuga.
  • Es la verdadera razón por la que las manos de quien la usa se ven suaves, jóvenes y tersas.
  • Es una fuente de inspiración para el lenguaje. Expresiones clave para la justicia, la comunicación y la política provienen de la labor de limpieza de esta máquina maravillosa, por ejemplo: lavado de dinero y lavado de cerebro.
  • Es un invento que ha acompañado a la humanidad durante siglos. En 1691 se otorgó la primera patente a una máquina para lavar ropa; es decir, es más antigua que el piano, el motor de vapor, el teléfono, la bicicleta, la Coca-Cola, el imperio soñado de Napoleón, las pinturas de John William Waterhouse, la literatura gótica, el dadaísmo, la vacuna antirrábica, las licuadoras, los condones y los reactores nucleares. 

Apelamos a usted que tiene una lavadora en casa y eso le hace un ser con suerte. Usted ignora, seguramente, la cantidad de personas adultas que en este momento en el mundo carecen de su propia lavadora. Lo desconoce porque no existe una organización mundial que mida de forma eficiente indicadores de acceso garantizado a una lavadora dentro del hogar. Tampoco conoce con cifras exactas y contundentes la cantidad de personas que tienen acceso a una lavandería. Esos seres alrededor del mundo también son menos afortunados que usted porque dependen de la puntualidad y salud de los empleados de lavandería para acceder a una lavadora en los horarios de funcionamiento  prometidos en un cartel que cuelga de la puerta del establecimiento. 

Usted tiene una lavadora en casa que funciona perfectamente después de cinco años de explotación y eso le hace un ser con suerte. Seguramente desconoce en este momento la cantidad de personas que tienen una lavadora descompuesta y arrumbada en casa; o que funciona parcialmente, pues no deja blancas las prendas blancas o convierte en grises las prendas negras. 

Usted no ha descompuesto su lavadora porque no es un usuario desconsiderado y leyó el manual antes de usarla. Memorizó con la diligencia de un estudiante de nivel básico los capítulos sobre cómo añadir el detergente, el suavizante y cómo limpiar los filtros. No obstante, en este momento hay millones de usuarios que desdeñan el manual o no tienen acceso a la capacitación para el correcto uso de la lavadora. Esta negligencia orilla al usuario a una situación de pánico en la que después de insultar injustamente a la lavadora, recurre a la garantía de manera anticipada (como si los técnicos no tuvieran nada mejor qué hacer).

Usted tiene una lavadora que no hace ruido porque cumple con sus funciones tímida y calladamente, como a usted le gusta que se hagan las cosas. Eso lo hace un ser con suerte. Si usted tiene una lavadora ruidosa, quiere decir que está pagando alguna penitencia de vida pasada en la que maltrató a quien le lavó a mano y por tanto debe padecer, a manera de manda, piadosamente el ruido del centrifugado. Acepte su karma y haga lo propio para mejorar su futuro.

Nuestra postura es clara. A partir de hoy, ningún foco rojo será ignorado. Ningún ruido que signifique mal funcionamiento será objeto del rencor del usuario, sino de su preocupación genuina que le hará correr por el manual o llamar con urgencia al servicio técnico. Será prioritario restaurar el funcionamiento de este aparato estupendo que es el verdadero mejor amigo de las personas.

Por lo anterior, se considera de la mayor importancia que las lavadoras tengan un día de mundial de reconocimiento y un hashtag de apreciación. Que cada persona mayor de edad exija a sus dirigentes una medida para apoyar a quienes no cuentan con una lavadora o  tienen una averiada que requiera atención. Que las escuelas de arte, en especial de literatura, alienten a sus alumnos a usar la lavadora como fuente de inspiración para sus obras. Que en las escuelas de educación primaria se valoren las visitas de campo a lavanderías tanto como se hace con los recorridos a museos. Que se aliente a la infancia a aprender a usar y cuidar de las lavadoras. Que cada museo de ciencia y tecnología cure una sala para la historia de las lavadoras cuando no sea posible dedicarles un museo nacional exclusivo.

Que las instituciones de educación superior alienten a sus ingenieros, físicos y matemáticos a investigar sobre la ciencia del desagüe y el centrifugado, así como a pensar en el futuro de la tecnología de estas máquinas excepcionales. Que las lavadoras que no puedan continuar lavando sean desmanteladas con honor y respeto.

Que el usuario, al sentir sus manos, brazos y espalda libres de cansancio piense en su lavadora y sienta agradecimiento por ella en su corazón.

Lavaremos,

Facción lavada y planchada del ejército de carga pesada a 40º


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Corina H. Reyes (México, D. F., 1985) ha sido muchas personas. Se gana el pan en una escuela primaria cerca del Polo Norte, pero realmente quisiera escribir todo el día. No come vaca porque es un animal sagrado. Su gesticulación excesiva la ha puesto en aprietos más de una vez. Preferiría no pagar sus impuestos, pero es temerosa del fisco. En 50 años se ve como una fantasma acosadora de gente viva en algún un parque mal iluminado.

Oksana Kutsenko: fragmentos de La escuela de ballet

Diseño sin título (5)

Presentamos una selección de poesías del libro La escuela de ballet (2007) de la autora ucraniana Oksana Kutsenko. A continuación encontrarán el texto en ucraniano, su lengua original y, posteriormente, las traducciones al inglés y al español, las cuales pueden leerse en paralelo (a dos columnas) cuando esta entrada se lee desde una computadora. Pensar lo doméstico agradece a Oksana Kutsenko, Vita Vypovska, Fernanda Monsalvo y Abigaíl Cortés por el trabajo realizado para llevar a cabo esta entrada.

 

балетна школа

I
у картинах померлих художників більше любові
в них жирніша земля
і духм’яніші квіти
і мова жаги
ненаситним корінням
сягає таких глибин
де не спинишся на півслові.

і відімкнені нею
свавільно старіємо ми
і відімкнені нею
буяють крізь нас рослини
піднімаючи стеблами чаші
–в яких провини
ніби вина гарячі–
споїти вуста зими.

II
Фрідоманія
За мотивами творів Фріди Кало
Міцніше за настояні напої
Твої передчуття в мені давно.
І я люблю губити це вино,
Тому твої передчуття настоюю…

Чеканням, як чеканкою тонкою,
Гаптую чаші дві або одну.
Одну на двох –котра веде до сну,
На дно ріки й сама стає рікою.

Натомість п’ю буденність каламутну.
І не забути мрій, і не заснути…

III 
Боюся п’ятниць, коли ти мовчиш.
Велика тиша піднімає ніж
Аби мені його всадити між
Думок, лопаток або поміж ребра.
Тоді я повернусь назад у тебе
–Хоч Єва заховатись не змогла
У тіло чоловікове
Від неба.

мої думки живі
немов смола
й зелені
наче кропив’яні стебла.

 

The Ballet School

I
The dead artists give more
love on their paintings
their soil is oilier
their flowers balmier.

Their appetite for words
like insatiable hunger
is deeply rooted
somewhere in the depths of
yours,
where you will not become an
echo of a tale cut short.

And opened by a word
we are wilfully getting older
and opened by a word
our souls abound with
blossoms
Their stems lift cups of
life
full of inner guilt,
as hot as wine,
that make cold lips go drunk and dry.

 

II
Harder than any liquor
I’ve kept your taste for me.
Sipping this wine is my fervour
so I let your taste in me instill.

Waiting,
like the thinnest seal
I’m grabbing cups –one or two.
Or one or two that
take me for a sleep to
the riverbed and back
–Which then itself becomes a river.

 

In lieu, I drink life’s daily ordinariness.
I can’t forget the dreams
and slumber never comes.                                             

III
I fear Fridays without your voice.
Great silences take a knife
to cut my thoughts two times a night,
then make one thrust right through the ribs
to stop between my shoulder blades.
And just so, I’m back in you.

Though Eve could hide in a man’s bone
                                            from heaven…
My thoughts are livelier than the tar
and greener than nettles’ stems.

La escuela de ballet

I
Los artistas muertos
dan más amor en sus pinturas
su tierra es más oleaginosa
y sus flores más fragantes.

Su anhelo de palabras
como un hambre insaciable
está profundamente arraigado
en algún sitio
en las profundidades
del tuyo,
donde no te conviertes
en el eco abreviado de una historia.

Y abiertos por una palabra
envejecemos deliberadamente,
y abiertos por una palabra
nuestras almas abundan de flores,
sus tallos levantan copas de vida
llenas de culpa interna
tan calientes como el vino
que embriaga y seca
los labios fríos.                            

 

II
Más potente que el licor
he mantenido tu gusto por mí,
Sorbo el vino con fervor
dejo que tu sabor me infunda.

Espero,
como el más pequeño cuño
Cojo las copas, una o dos.
O una o dos
para llegar al cauce
a dormir de ida y vuelta
hasta convertirse en río.

 

Pero bebo la zafiedad
de los días ordinarios.
No puedo olvidar los sueños
y el sosiego nunca llega.

III
Temo a los viernes sin tu voz.
Los grandes silencios
empuñan una daga,
dos veces cada noche
hieren mis pensamientos.

Me apuñalan entre las costillas
hasta detenerse en mis omóplatos
Y sólo así,
estoy de vuelta en ti.

Aunque Eva pudiese
esconderse en el
hueso de un hombre
del cielo,
mis pensamientos están más vivos
que el alquitrán
y más verdes
que los tallos de ortiga.


autora

La autora. Oksana Kutsenko (Rozumna). Poeta y diplomática de la Embajada de Ucrania en Sudáfrica desde 2018. Nació en 1975 en Chernihiv, Ucrania. Ha publicado los libros En los inviernos del deseo (1996) con el que obtuvo el premio Smoloskyp, La escuela de ballet (2007) y Crisálidas (2016).

En 2004 obtuvo el grado de doctora en Estudios Religiosos por la Academia Nacional de Ciencia de Ucrania. También es autora de dos libros infantiles: Manzanas horneadas (2015),  Aurora y otras princesas (2019) y co-traductora de la Poesía Selecta del poeta senegalés Léopold Sédar (2018).


trad1La traductora al inglés. Vita Vypovska (1992). Filóloga egresada de la Universidad Nacional de Lingüística de Kiyv. Es escritora de contenido para Readdle, traductora y apasionada bailarina de ballet.

 

 

 

 

 

 

trad2La traductora al español. Fernanda Monsalvo (1994). Poeta, docente y traductora mexicana. Maestranda en Política en la Universidad Karlshochschule. Sus poemas han sido publicados en diferentes revistas y antologías. Es miembro de la colectiva Pensar lo doméstico.

 

 

 

 

photo_2021-02-18_19-57-12La editora. Abigaíl Cortés (1993). Lectora, editora y escritora mexicana. Cuidadora de la Casa de Escorpio en Pensar lo doméstico. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFyL-UNAM.

Mi abuela, mi hueco

Andrea R. Calderón

Ciudad Universitaria se ha convertido en un centro de vacunación. Mientras camino al tianguis, puedo ver de lejos la euforia de la primera vez; hay un cartel muy grande que dice: “Espera de familiares”, veo a varias personas de la tercera edad caminando hacia la puerta con un aire fresco, veo también a jóvenes esperando afuera o llevando de la mano a quienes podrían ser sus abuelos. Me da alegría pero también tristeza. Desde hace varios años, anhelo la presencia en mi vida de una abuela. Incluso anhelo el recuerdo de una. Quisiera decir: “Voy a acompañar a mi abuela a vacunarse” o: “mi abuela me está enseñando a tejer colchas”, pero no. No puedo, no podemos. Ella no está en mi mundo material. Mi abuela materna es un hueco que no he podido llenar. 

Hace un par de semanas nos juntamos por el cumpleaños de mi hermana y, en medio de los comentarios sobre sus recién cumplidos veintiséis años, mi mamá nos preguntó qué se sentía tener madre a nuestra edad, qué se sentía el acompañamiento y el simple hecho de saber que está ahí. Se hizo un silencio corto que pareció largo mientras mi hermana y yo nos mirábamos. No voy a negar que esa pregunta me rompió un poco el corazón, pero también siento que conecté profundo. Tenía todo el sentido del mundo que lo preguntara. Yo quería decirle que también siento su orfandad, que noto cómo la ausencia de la abuela me ha dejado huérfana de alguna manera y que de muchas formas siento que ella no está pese a no haberla conocido, pero no pude decirle nada de esto.  Solo le acariciamos el brazo y dijimos: nos tienes a nosotras. 

Mi linaje materno tiene un hueco, me lo he repetido durante mucho tiempo. Mamá vio partir a su madre cuando tenía doce años. Graciela, mi abuela, dejó este mundo de forma súbita y dolorosa. He regresado a ese episodio tantas veces que hay momentos en que me veo como otra niña de doce años abrazando a mi mamá en su pérdida, siendo su amiga, acompañando el camino de futura incertidumbre.  Otras veces regreso solo para entenderla, para observarla y aceptar que todo pasó así, sin más.

Algunas veces veo las pocas fotografías (borrosas) de la abuela y reconstruyo en mi cabeza su rostro y su cabello. A veces pienso que mi abuela no dejó rastro y quisiera encontrar pruebas materiales de su existencia; quisiera encontrar cartas, prendas de ropa, aretes, un alhajero perdido o una canción, pero parece que no hay huellas concretas, solo ese par de fotografías a las que todo el tiempo les exijo credibilidad. 

Hace un par de años, me di cuenta de que yo también me siento instalada en la orfandad, solo que la mía es difícil de explicar, mi madre está ahí y siempre ha estado, pero tengo esa sensación de que al mirar mis pies, no encuentro mis raíces. A ese proceso le llamo orfandad de abuela, no solo por no haber conocido a Graciela, sino por compartir con mi madre el hueco que dejó este proceso. Mi madre y yo nos pasamos el hueco. Mi herencia es también un hueco. Nuestro amor es compartir también ese hueco. 

Después de leer Cuando las mujeres fueron pájaros de Terry Tempest Williams, en donde la autora hace una reflexión muy potente sobre la voz de su madre después de haber recibido sus diarios en blanco como herencia, llegó a mí la pregunta de si no estaba siendo injusta. Que mi abuela no haya podido dejar un rastro concreto no significa que haya un vacío y que su voz no esté por ahí o por aquí diciéndonos algo. Creo, incluso, que dejar un rastro concreto es una cuestión de privilegios. No estoy segura de que mi abuela supiera leer o escribir, no estoy segura de qué pasó con sus pertenencias después de la muerte o si sus hijas e hijos pudieron cargar, además de la pesada pérdida, alguno de sus objetos preciados. Solo estoy segura de que mi mamá atravesó un recorrido por distintas casas en las que su orfandad pesaba tanto que nadie se atrevía a hacerse cargo. Mi mamá se construyó a sí misma unas alas para sobrevolar la pérdida. Las cosas de mi abuela no eran la prioridad cuando había que recorrer un camino largo y era necesario viajar ligera. Los diarios en blanco de la mamá de Terry podrían ser equivalentes al hueco en la mesa que dejó mi abuela. Un hueco al que de muchas formas mamá y yo le hemos dado sentido. 

Y si mi linaje femenino tiene memoria, esa memoria se asoma por el hueco, florece en el hueco y camina dentro de él. El hueco es un refugio. El hueco es capaz de recibir mis palabras escritas y de ampliar la voz de mi abuela. Que yo no pueda escucharla ni leerla no significa que su voz no haya estado ahí y que no siga estando, que no siga colándose en los ojos de mi madre, en su sonrisa, en los pasos de mi hermana y hasta en mi escritura. 


LA AUTORA

Andrea R. Calderón. Pensadora de la Casa Cáncer. Es ecofeminista y profesora de tiempo completo. Le gusta viajar, rodar en bicicleta y dibujar toda clase de hierbas. Los círculos de cuidado entre mujeres le han cambiado la vida. Cree firmemente que lo espiritual es político y que los rituales cotidianos ayudan a sanar viejas heridas. Participa en el club de lectura “La Jardinera” donde comparte con sus amigas lecturas de autoras de todo el mundo y una tacita de té. En su cama también duermen Baku y Ramona.

Reseña punk: Alguien tiene que ceder

 

Abigaíl Cortés

Cuando empecé a escribir mi primer cuento recordé que en algún momento de mi adolescencia vi una película donde aparecía Diane Keaton llorando mientras escribía.  Fue curioso cómo la imagen vino a mi mente cuando me puse a escribir algo que conectaba con mis sentimientos y me traía con la misma lloración. No descansé hasta saber de dónde era esa escena que me representaba tanto en ese momento. Así fue como Something’s Gotta Give o Alguien tiene que ceder, película del 2003 dirigida por Nancy Meyers, comenzó a formar parte de mi lista de películas para descansar la mente. No por ello quiero decir que sea una película sencilla, de hecho, tiene harta tela de dónde cortar y eso lo descubrí gracias a cada una de las veces que la he repetido.

Alguien tiene que ceder cuenta la historia de Erica Barry (Diane Keaton), una dramaturga de cincuenta años que vivió un matrimonio muy largo que terminó en divorcio; desde entonces, ha hecho a un lado el amor para enfocarse en su trabajo. Erica se encuentra trabajando en una obra pero, al tener un bloqueo creativo, decide ir a su casa de playa en Los Hamptons para escribir tranquilamente. Así inicia la historia de cómo Erica se enamora de Harry, un hombre de 63 años, novio de Marin, (la hija de Erica). Aquí es donde podríamos hacer un título tipo video de influencer: me enamoré del novio de mi hija, sale mal.

A Erica y a Harry los une el temor de amar y, a pesar del cariño que surge entre ellos, la relación fracasa por culpa de él. En el momento de la triste ruptura, Erica se pregunta: “¿Qué voy a hacer con todo esto?” refiriéndose al amor que siente. Acto seguido, nuestra heroína se va a su casa y comienza a llorar y a escribir sin parar. La trama se centra por unos segundos en el proceso creativo de Erica, quien escribe durante días y llora todo el tiempo porque su escritura es un espacio para soltar todo lo que la desborda.

Diseño sin título (4)

Después de mucho trabajo, la personaja termina de escribir una obra de teatro en la que relata lo que vivió con Harry. La película nos cuenta muy poco sobre la trama de la obra, pero yo moriría por verla porque trata sobre Erica, su percepción y su experiencia del amor. Luego, spoiler alert*, Erica comienza una nueva relación con Julian (Keanu Reeves). Todo luce perfecto, pero nada tan perfecto dura mucho. Desde el inicio, Erica deja entrever su preocupación por ser casi veinte años mayor que Julian. En un punto de la historia, Erica debe decidir entre Julian y Harry (como espectadora no veo cómo es que decidir entre Keanu Reeves y Jack Nicholson pueda ser difícil, pero esa soy yo).

José José decía que es el amor lo que importa y no lo que diga la gente, pero ahora pienso que el amor de Erica hacia Harry se basa en una identificación, es decir, en las cosas que comparten debido a que son casi de la misma edad. No importa si antes del sexo deben tomarse la presión, no hay por qué sentir vergüenza de cuidar el cuerpo. Nos han acostumbrados a que nuestros cuerpos no sólo tienen que ser perfectos sino también sanos y eso es algo que en la realidad no existe, entonces ¿por qué ocultarlo? Por otra parte, me da la impresión de que el final de la película no empata con su desarrollo y la Erica, como personaja, tiene un retroceso en su caracterización (ya lo verán ustedes).

Esta reseña tiene más preguntas y spoilers que respuestas, pero me parece muy importante que existan narrativas sobre el amor y el cuerpo en la edad adulta porque todas las historias importan y además, “Buen día…. para allá vamos todos”, dijera Paty Chapoy. Me gusta que una comedia romántica explore este tema: ¿qué pasa con un cuerpo amante después de los cincuenta? Mi intuición me dice que sobre esto trataba la obra de teatro de Erica (para mí es la historia que realmente importaba), por eso me quedé con muchas ganas de verla. Al inicio, nuestra heroína quería deshacer su bloqueo creativo; al final, se encontró con un tema vital que desató su escritura, como a veces pasa en la vida.

Sentidos comentarios finales, quisquillosos y amargados

  • Siento que la película insinúa una postura feminista pero no profundiza.
  • ¿Se imaginan ser escritora y ganar tanto dinero como para comprarse una casa en Los Hamptons?, yo no.
  • Harry no quería una novia, quería una cuidadora

Reseñas (2)

Abigaíl Cortés
Nació entre los límites de Tláhuac e Iztapalapa en 1993. Es cuidadora, tallerista, lectora, escritora, editora y Pensadora de la Casa de Escorpio en Pensar lo doméstico. Cursó una licenciatura en Letras Hispánicas y sólo aprendió a deprimirse.

Reseña Punk
Reseña punk es una publicación periódica que llega el primer viernes de cada mes desde la Casa de Escorpio para el mundo. La primera temporada de este ciclo de reseñas tratará sobre películas cuyos protagonistas son personas en o cerca de la tercera edad.

CURSO-TALLER COLECTIVO: PENSAR LO DOMÉSTICO 6.0

PENSAR LO DOMÉSTICO 6.0 CURSO-TALLER COLECTIVO ONLINE
(Segunda vuelta)

10 de abril al 21 al de agosto de 2021

I. ESPACIO Y OBJETIVOS

#PensarLoDoméstico vio la luz pública el 10 de noviembre de 2017 como un espacio para compartir lecturas, reflexiones y creación alrededor del espacio doméstico y el trabajo de cuidados. Este proyecto ha ido entrando en muchas vidas y probando varias plataformas. Es un espacio híbrido e interdisciplinario: suele basarse en lecturas, pero también hay creación, socialización y organización de saberes y experiencias. PLD crece y se transforma a partir de las mujeres que participan en él.

Nuestro espacio docente autogestivo se ha conformado por ciclos, que hasta 2019 eran presenciales, en los que se abordaban aspectos particulares sobre nuestros ejes de conversación y creación. Con la pandemia y el confinamiento, estos ciclos comenzaron a adaptarse en lo virtual y ahora estamos ofreciendo el primero en colectiva, con la modalidad de curso-taller. Esto quiere decir que del 10 de abril al 21 de agosto estaremos trabajando alrededor de nueve módulos; cada uno de ellos está conformado por una página introductoria, una lectura detonante y una actividad derivada, que nos van a permitir comenzar a asociar lo planteado por cada autora en la vida propia y articularlo, primero hacia adentro y luego grupalmente. Cada módulo tiene una duración de dos semanas, para que las participantes puedan gestionar sus tiempos, y tenemos once videollamadas programadas.

Las plataformas a usar en este ciclo serán:

  1. Moodle: es una plataforma de educación a distancia que permite alojar el curso en una nube compartida, crear usuarias para cada una de nosotras, tener disponibles las actividades y lecturas, así como gestionar tiempos y espacios para cada pensadora. Para quienes no estén familiarizadas con la herramienta, se acompañará de cerca el proceso y tendremos espacios para resolver dudas, tanto en las redes sociales de la colectiva como en el correo y en las reuniones.
  2. Zoom: esta plataforma nos permitirá acceder a las once videollamadas programadas durante el ciclo. Se hará saber con anticipación suficiente cuáles serán los enlaces.
  3. Google Drive: tendremos una carpeta exclusiva para el ciclo donde alojaremos lecturas adicionales, algunos materiales de los módulos y las constancias al final del ciclo. Esta carpeta será compartida con todas las pensadoras cuando se les envíe el correo personalizado de autoinscripción a Moodle Cloud.
  4. Gmail: nuestro correo colectivapld@gmail.com estará a disposición desde la inscripción al ciclo y durante todos los módulos, para atender casos y dudas personalizadas.

II. COSTO TOTAL DEL CURSO-TALLER: $1000

La información para el depósito se dará en cuanto se confirme la intención de inscribirse al curso-taller, mediante un formulario. Se apartará el lugar hasta el 31 de marzo a fin de dar tiempo a realizar el pago y enviar el comprobante por el mismo medio.

III. RUTA TEMÁTICA

Este ciclo está pensado para conformar un laboratorio de comunalidad, por lo que cada módulo plantea un eje que nos guiará en este camino. 

Iniciaremos reflexionando sobre las redes de cuidado y las escrituras que necesitamos; a partir de esto, nos detendremos a recuperar las presencias, historias y vitalidades de las mujeres que nos han cuidado. De este modo, pondremos el foco en actividades, temáticas y pensamientos que suelen pasarse por alto, para encontrar metodologías que puedan subvertir esa invisibilización sistemática; esto nos llevará a ver con otros ojos el espacio físico que habitamos e imaginar qué arquitecturas necesitamos para sentirnos cuidadas; posteriormente, regresaremos a nosotras mismas y reconoceremos la sabiduría que poseemos sobre nuestro cuerpo con el objetivo de plantearnos una ecología de los emociones; después, nos posicionaremos respecto a los conceptos de huida y mirada para ahondar en nuestra concepción de “lo doméstico”; de esta manera, haremos memoria colectiva de esos saberes para que nos acompañen a conversar sobre formas de organización comunal y a realizar nosotras mismas una asamblea en la que llegaremos a acuerdos colectivos para luego explorar  nuestra relación con la escritura, como herramienta de memoria y potencia y así, finalmente, reconocer nuestra potencia como comunidad de pensamiento y acción. Así están articulados estos nueve módulos.

IV. INTEGRANTES DE LA COLECTIVA PENSAR LO DOMÉSTICO

Ana Cordelia: Pensadora de la Casa de Tauro. Es licenciada en Literatura Dramática y Teatro por la UNAM, actriz, directora y productora de teatro independiente con más de 25 años de carrera. Desde 1999 ha sido docente de Lengua y Literatura y/o arte dramático, actualmente sólo a nivel universidad. Le interesa reflexionar y buscar nuevas formas posibles de convivir, leer, interpretar y crear en colectiva. Le gusta cocinar, cantar a grito pelado en soledad, hablar con los gatos y dibujar en ocasiones.

Andrea R. Calderón: Pensadora de la Casa de Cáncer. Es ecofeminista y profesora de tiempo completo. Le gusta viajar, rodar en bicicleta y dibujar toda clase de hierbas. Los círculos de cuidado entre mujeres le han cambiado la vida. Cree firmemente que lo espiritual es político y que los rituales cotidianos ayudan a sanar viejas heridas. Participa en el club de lectura “La Jardinera” donde comparte con sus amigas lecturas de autoras de todo el mundo y una tacita de té. En su cama también duermen Baku y Ramona.

Jimena Maralda: Pensadora de la Casa de Leo. Escritora. Lee, edita, hornea galletas, prepara café y cuida. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Ensayo (2019-2020). Prefiere lavar platos que citar textos académicos. Cree firmemente que otras formas [de pensar, crear, amar, hacer, vivir] son posibles.

Adriana Ventura: Pensadora de la Casa de Virgo. Nació en Cruz Grande, Guerrero, el 29 de agosto de 1985. Escritora, maestra y mamá. Renunció al sueño académico hace algunos años. Le gusta cazar metáforas en todas partes. Hija de enfermera y sociólogo. Es madre de dos y hermana de tres. Escribió el libro Boceto de una vida sin casa (Praxis, 2018) y Epístola de una madre que escribe (Dulce de coco, 2021).

Alejandra Eme Vázquez: Pensadora de la Casa de Libra. Es escritora, lectora, editora, docente y cuidadora. Estudió lengua y literatura. Ha sido columnista en medios impresos y digitales: calcula haber publicado, hasta ahora, unos 250 textos ensayísticos de temas muy diversos. Colabora en libros de texto y en plataformas de literatura para las infancias y juventudes. Es parte del comité organizador del Encuentro de Escritoras y Cuidados y del proyecto colectivo-interdisciplinario Lucrecia se dispone a la escritura. Escribió Su cuerpo dejarán (El Periódico de las Señoras, Kaja Negra y Enjambre Literario, 2018).

Abigaíl Cortés: Pensadora de la Casa de Escorpio. Es cuidadora, lectora, editora y escritora –así todo junto–. Cree que la ficción en la literatura tiene el poder de decirnos la verdad. A veces, hace música para deshacer sus bloqueos creativos, le gustan las flores –pero no cortarlas de raíz–, las cumbias, las tortugas, los perritos, y la teoría literaria.

Brenda Isabel Pérez: Pensadora de la Casa de Capricornio. Concluyó arquitectura con el pretexto de poder describir, ordenar, dibujar desordenar, coordinar y almacenar espacios. No realiza todo al mismo tiempo, pero intenta.

Adriana Rosas: Pensadora de la Casa de Acuario. Del mar y la ciudad en igual medida, casi politóloga y apasionada de la cocina, custodia esmerada y afecta de gatos, sobrinos y otros seres queridos, con ganas e intención de narrar muchas cosas.

Fernanda Monsalvo: Pensadora de la Casa de Piscis. Es docente, escritora y traductora en formación. Se entusiasma con las autopistas, la poesía, los viajes y algunos cuadros. Quiere ser nómada, pero le siguen brotando flores y raíces.

V. MÓDULOS Y FECHAS:

Videollamada de inauguración:
sábado 10 de abril de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Primer módulo: del 10 de abril al 24 de abril
Coordina: Jimena Maralda
Lecturas: “El tapiz amarillo” de Charlotte Perkins y “Conservas” de Samanta Schweblin
Videollamada: sábado 24 de abril de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Segundo módulo: del 24 de abril al 8 de mayo
Coordina: Ana Cordelia
Lectura: “Betty”, Margaret Atwood
Videollamada: sábado 8 de mayo de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Tercer módulo: del 8 de mayo al  22 de mayo
Coordina: Adriana Ventura
Lectura: Pequeñas labores, Rivka Galchen
Videollamada: sábado 22 de mayo de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Cuarto módulo: del 22 de mayo al 5 de junio
Coordina: Brenda Isabel Pérez
Lectura: Fragmentos de Ciudad sin cocina, Anna Puigjaner
Videollamada: sábado 5 de junio de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Quinto módulo: del 5 de junio al 19 de junio
Coordina: Andrea R. Calderón
Lectura: Fragmentos de Cuerpo de mujer sabiduría de mujer, Christiane Northrup
Videollamada: sábado 19 de junio de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Sexto módulo: del 19 de junio al 3 de julio
Coordina: Fernanda Monsalvo
Lectura: Fragmentos de Sed de mar, Esther Seligson
Videollamada: sábado 3 de julio de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Séptimo módulo: del 3 de julio al 17 de julio
Coordina: Adriana Rosas
Lectura: “Sistemas de gobierno comunal indígena: la organización de la reproducción de la vida”, Gladys Tzul Tzul
Videollamada reunión de lectura y elaboración de pulsera: sábado 10 de julio con dos horarios (11 a.m. a 12:30 a.m. y de 6 a 7:30 p.m.) (Horario de la CDMX)
Videollamada de Asamblea general: sábado 17 de julio de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Octavo módulo: del 17 de julio al 31 de julio
Coordina: Abigaíl Cortés
Lectura: Quiero ser la que seré, Silvia Molina
Videollamada: sábado 31 de julio de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Noveno módulo: del 31 de julio al 14 de agosto
Coordina: Alejandra Eme Vázquez
Este módulo se configurará a partir de la asamblea general, según lo decidido por el grupo.
Videollamada: sábado 7 de agosto de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX) *adicionalmente, habrá tres sesiones opcionales de creación acompañada, consulta el formulario para conocer las fechas y horas a elegir

Videollamada de cierre del ciclo:
sábado 21 de agosto de 2 p.m. a 4 p.m. (Horario de la CDMX)

Contacto
Correo electrónico: colectivapld@gmail.com
Twitter: @lodomestico
Facebook: Pensar lo doméstico
Instagram: @pensarlodomestico

De nones y pares

Janisse Cruz

Mirarse para dentro tiene un truco, pero no me voy a detener en esto ahora mismo. Lo que sí les puedo decir es que mirarse para dentro requiere de tiempo a solas, lo que implica apartarse y convocar a la temida soledad. 

Ya sea circunstancial o elegida, la soledad cuenta con el desprestigio y la mala fama de las personas que tienen reticencias para encontrarse a solas consigo mismas: en su mayoría son personas que andan en pares. Algo tan simple y hermoso como salir a comer “sola” se toma como delito o condena social. 

Escena del crimen: Una llega, escoge una mesa y se sienta mientras observa el desmantelamiento de un servicio para dos, tres o cuatro personas. A veces me pregunto: ¿Qué sentirán los cubiertos cuando están reunidos en una mesa y de repente son arrebatados de su sitio impetuosamente, solo porque a una non se le ocurrió salir a comer sin par? ¿Algunos de ellos dirán: ahí llegó un mal tercio pero viene solo… otra vez? Los que se quedan, ¿se ofenderán o se sentirán agradecidos por ser apartados de los cubiertos chismosos, esos que no dejan de hablar sobre quienes son mejor lavados o los que siempre arrastran residuos de comida? ¿O saben que al final del día, al regresar al cajón de los cubiertos serán señalados y juzgados por haberse quedado solos?

A algunos pares la soledad les causa pánico; escucharte decir que disfrutas de ella les causa ofensa; si a este disfrute le sumas que eres mujer, les causa angustia; y si encima de todo estás soltera, les causa pena. De por sí, está mal visto que una mujer disfrute lo que sea, ahora imagínense afirmar que te la pasas bien a solas contigo misma. Vas directo a la hoguera social.

Más que soledad, al tiempo a solas por disfrute y elección lo he llamado nonedad. Me he inventado esta palabra en defensa del amor al tiempo de una, porque hasta eso tenemos que defender. Parece que debemos aclarar una y otra vez que nos gusta estar solas, porque queremos y podemos, por elección y decisión propia. Como si fuese imposible pensar que, sin importar si andamos en pares o en nones, tenemos derecho a tomar distancia, a apartarnos para habitarnos a nosotras mismas sin sentirnos juzgadas o tachadas de egoístas, pues como mujeres eso huele a frialdad. Estoy cansada de aclarar. 

 

Nonedad

1. f. Situación en la que habitan las personas nones.

2. f. Abundancia de compañía contigo misma.

3. f. Exploración voluntaria a la diversidad de paisajes emocionales.

4. f. La no soledad.

 

La nonedad es un tipo de soledad que busca aprender del amor propio para compartir en el ajeno. A contrario de lo que se pueda pensar, la nonedad nada tiene que ver con el individualismo o la misantropía, es ser autosuficiente y aprender a cuidarse para poder cuidar a alguien más. 

La nonedad busca un espacio dentro del caos para adentrarse al autoconocimiento y pasar tiempo contigo misma. A veces es una pausa que te permite llevar el día a día, otras veces es un estado prolongado donde te sumerges a crear, pensar, descubrir y preguntarte qué es lo que te mantiene viva. Es una condición que revoluciona el corazón a mil por hora y todo lo que sucede dentro de ti puede ser compartido cuando así lo decidas. 

Una advertencia: la  nonedad requiere temple, pues no todas las personas están dispuestas a enfrentarse a sí mismas; claro, no es fácil reconocer los miedos, los cuestionamientos, las imperfecciones, los matices y claroscuros que nos constituyen. Las nones nos paseamos, rimbombantes y orgullosas, entre todos los paisajes emocionales que somos capaces de recorrer, desde los más áridos y desérticos hasta los más vivaces y frondosos. Pobres de esos pares, que no conciben la belleza de la pausa y el silencio, porque da oportunidad a escucharte a ti misma, y una misma puede contradecirse muchas veces. Habitarse a conciencia requiere valentía y coraje para tomar lo que se pueda de los errores y hacer de una misma tierra fértil, abonada de sueños, planes conclusos e inconclusos, lecciones de vida, tristezas, fracasos y reconocimiento de los triunfos personales, que se vuelven frutos en los tiempos de sequía. 

La nonedad es escape y refugio, pero también es trinchera y campo de batalla. Es una exploración a tus adentros sin importar lo que puedas encontrar en ti, a pesar del temor que provoca cuestionarse a una misma. 

Desde hace un tiempo, disfruto mucho las andanzas en mi mundo interior a solas, aunque a veces aparezca ese monstruo que me jala de los pies hacia un lugar más oscuro. Debo confesar que me estoy volviendo maestra de mi nonedad; esto suena terrible, y pueden pensar lo peor de mí si se detienen aquí mismo. Lo que quiero decir es que estoy en proceso de domesticación de mis momentos oscuros: los puedo recorrer, tocar, sentir, oler, morder y saborear, hasta decir “suficiente por hoy” y regresar a lo cotidiano con algún souvenir emocional que me permita continuar. Como si arrancar algo de cada viaje a mis adentros me permitiera sentirme una victoriosa domesticadora de mí misma. 

Soy bestia y ama a la vez: ama de mi propio tiempo. Suena a poca modestia, lo reconozco, pero en estos momentos es así. ¿Cómo llegué aquí?, no lo sé. Debe ser mi edad. O mi nonedad. 

 

JCR fotoJanisse Cruz. Es originaria del sureste mexicano donde abunda el trópico cálido húmedo, desde muy pequeña aprendió el respeto hacia la flora y fauna. Protectora y de gran corazón por herencia materna, elocuente e imaginativa por herencia paterna. Llora por todo, como las mojinas (Rhinoclemmys areolata).

Dibujante del territorio que dibuja en sitio, a pie y a tinta como exploración y observación del entorno. Empedernida investigadora de campo y naturalista urbana que recorre las ciudades con su libreta de dibujo, y en cada salida o viaje recolecta hojas, memorias, objetos y artefactos emocionales que quedan plasmados entre líneas, hatches y dibujos. Sus lugares favoritos son los jardines botánicos y los museos de historia natural.  

Pensadora del paisaje por profesión, a lo largo de los últimos años ha explorado el diseño del paisaje como articulador de las culturas, los contextos y la identidad, y al espacio público como catalizador de futuras memorias. Ganó una beca  y viajó a China del Este a estudiar la transformación del paisaje y el territorio a través del dibujo. Estudio Ilustración naturalista de campo en una estación biológica en Chile ubicada justo antes de llegar a la entrada de la Patagonia; fue ahí donde conoció a la ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii). 

Experta catadora de pan dulce que comparte ansiedades con su gata Tita y que a veces/casi siempre gusta de inventar palabras, porque el lenguaje es de quien lo trabaja. 

Un sillón verde

Andrea R. Calderón

El otro día soñé que las ex novias de mi ex novio llenábamos los asientos de un teatro antiguo. Nos veíamos unas a otras con expectativa. A lo lejos reconocía a una y me volteaba muy rápido porque me sentía incómoda. Yo estaba en la primera fila, claro, pero no entendía qué pasaba. Cuando por fin se abrió el telón, alguien aventó al escenario al hombre que todas ansiábamos ver: era él, con su look de siempre, unos pantalones rotos, playera delgadita y despintada. De repente, de algún lugar de mi bolsillo, saqué un mueble de madera gigante y se lo aventé. Otras hacían lo mismo. Le llovieron celulares, sillones, mesas de madera y otras cosas grandes. Esa era la obra. Cada vez me sentía más enojada. Y la reacción que él tenía no ayudaba: se enojaba, se agachaba por las cosas y las aventaba de regreso, pero ya no lastimaba a nadie porque las luces del escenario lo cegaban. Se veía muy solo. 

Cuando desperté, me estiré y sonreí. ¿De dónde saqué eso?, pensé. Qué sueño tan loco. Además, como si tuviera tantas ex novias para llenar un teatro. Todo el día me quedé pensando en eso. En la tarde, el algoritmo de mi cabeza me puso a buscar muebles usados en internet. Tenía la imagen de un sillón de terciopelo verde que volaba desde las filas traseras del teatro hasta golpear la cara del hombre en el escenario, quien no parecía sentir dolor sino una profunda rabia.

Encontré el mueble en Mercado Libre y me di cuenta de lo inalcanzable que era. Quince mil pesos por un sillón de dos plazas, por el que además te cobraban el envío. Ahí recordé uno parecido, pero color crema, que me regalaron mis papás cuando me mudé en pareja. Les emocionaba muchísimo que estuviera “por fin” haciendo mi vida, como si todo lo anterior hubiera sido picarme la nariz. Mi hermana incluso lloró una vez, mientras me daba un ride a casa de mis papás, de “lo hermoso” que le parecía que él y yo estuviéramos viviendo juntos. En un alto me volteó a ver, limpiándose las lagrimitas. Ni en mi examen profesional la vi tan conmovida, creo. 

Ese sillón color crema se quedó en casa de él cuando literalmente tuve que huir. Mi mamá me preguntaba por qué me tenía que ir de esa manera si él nunca se había portado violento conmigo, por qué tenía que irme tan rápido. La respuesta era: porque dolía. Y dolía mucho. Y porque la violencia también es violencia cuando en lugar de golpes hay invisibilización. 

Hice entonces una calculadora mental de todas las cosas que había tenido que dejar en casas de ex parejas por salir huyendo y eran bastantes. Y las dejé, porque en mi mente circulaba ese mantra de “las cosas son solo cosas, déjalas ir”. Lo más importante es que te vayas bien, tranquila, me repetía a mí misma una y otra vez. O sea sí, pero qué pinche trabajo cuesta volver a tener un sillón cómodo, una tetera bonita y una mesita de centro. Cuántas mujeres han salido de sus casas sólo con lo que llevaban puesto para nunca más regresar. Cuántas hemos salido huyendo sin nuestras cosas preciadas que además, pienso ahora, no son sólo cosas. Son dinero, son trabajo y son cariño.

En aquel sueño estaba enojada, muy enojada, así que haber encontrado el sillón de terciopelo verde en Mercado Libre me hizo sentir un poco más cerca de la reparación del daño. Por mí. Por  todas las que asistimos a ese teatro antiguo, en busca de restitución. Y por las que no pudieron asistir. 


LA AUTORA

Andrea R. Calderón. Pensadora de la Casa Cáncer. Es ecofeminista y profesora de tiempo completo. Le gusta viajar, rodar en bicicleta y dibujar toda clase de hierbas. Los círculos de cuidado entre mujeres le han cambiado la vida. Cree firmemente que lo espiritual es político y que los rituales cotidianos ayudan a sanar viejas heridas. Participa en el club de lectura “La Jardinera” donde comparte con sus amigas lecturas de autoras de todo el mundo y una tacita de té. En su cama también duermen Baku y Ramona.